Santa Anna y un criminal colombiano, dos desterrados en Yucatán

Tras el triunfo de la Revolución de Ayutla de 1855 el otrora liberador de México, Don Antonio López de Santa Anna se había desterrado en las costas del Caribe que le ofrecían el ambiente tropical y cercano al mar de su natal Veracruz, además de prudente distancia con su patria, pero manteniéndose al acecho, esperando la oportunidad que le permitiese volver con la gloria que siempre creyó merecer.

Sobre la estrella, la Isla de St. Thomas en el caribe. https://www.vinow.com/general_usvi/geography/

Estuvo en Colombia donde dejo grato recuerdo, pero el estallido de la revolución le obligó a partir en 1858 a la isla de St. Thomas que entonces era posesión de Dinamarca. Antes de ser llamado por los conservadores para asumir la presidencia en 1853 había estado desterrado en La Habana y Jamaica, el caribe no le era extraño.[1]

Al ser ofrecida la corona de México a Maximiliano de Habsburgo, Santa Anna le escribió desde el Caribe ofreciéndole sus servicios titulándose “uno de los próceres de la independencia” asegurándole que “la inmensa mayoría de la nación aspira a restablecer el imperio de los Moctezumas con V. A. I. a la cabeza[2]. Este ofrecimiento fue rechazado y comenzó a aborrecer al gobierno imperial mexicano.

El “héroe” de la capitulación del último intento militar español de reconquista del 11 de septiembre de 1829 en Tampico, tuvo que conformarse con recibir desde la isla las noticias sobre el ascenso de Maximiliano y convertirse en un tipo pintoresco de la isla junto con el Castillo de Barba Negra. Aunque sin dejar de acariciar la oportunidad de volver a México para proclamarse el liberador de la nación, como en otras ocasiones había ocurrido.

LA OPORTUNIDAD. La suerte pareció cambiar. En enero de 1866 arribó a la isla el vapor estadounidense que conducía al Ministro de Estado Mr. William H. Seward y visitó a Santa Anna. Seward no develó los motivos de su presencia en el caribe, pero si le dejó en claro que Estados Unidos deseaba la expulsión de los franceses del territorio mexicano y preguntó al mexicano “¿Qué esta usted haciendo aquí?” Lo que los adeptos al militar interpretaron como “el deseo de ver a usted pronto combatiendo contra Maximiliano”.[3] Santa Anna lo creyó y se convenció que Estados Unidos le preferiría sobre Juárez para la presidencia.[4]

Secretario de Estado del presidente Andrew Jackson en 1866.

En esta circunstancia el destino de Santa Anna se cruzó con el de Darío Mazuera. Nacido en Cartago hoy Colombia alrededor de 1840. Compañero de batallas de Julio Arboleda durante la guerra civil de la Confederación Granadina, compuesta por lo que hoy es Colombia y Panamá.[5] Al lado del ejército conservador Mazuera cobró en Palmira venganza de sus adversarios liberándolos de la cárcel para fusilarlos sin juicio alguno en nombre de la legitimidad conservadora. [6]

Se le conoció como “el matahombres de Julio Arboleda”. Con este rompió relaciones después de amenazantes discusiones y fue dado de baja del ejército en 1862, escapando a Antioquia. Al triunfar la revolución liberal se expatrió a Lima donde se convirtió en la persona de confianza del general Juan Antonio Pezet, presidente del Perú para quien realizó actividades ilícitas para luego chantajearlo con revelar las traiciones cometidas a sus compatriotas.[7]

Después de una breve estancia por Chile y Bogotá, se embarcó para la isla de St. Thomas al encuentro del general mexicano. Santa Anna describió a Mazuera: “a la edad de veintiséis años reunía elegante figura y una locuacidad extraordinaria, que le facilitaba introducirse en la alta sociedad.”[8] Existe la versión de que Pezet, luego de comprar su silencio, envío a Mazuera con una carta recomendación para que le sirviera como agente.[9]

Según Santa Anna, Mazuera le había escrito desde Lima pidiéndole información para escribir su historia y al encontrarse en St. Thomas insistió en el tema, aunque realmente le preocupaba información sobre sus relaciones en el extranjero y fortuna. Se ofreció a fungir como su emisario para conseguir apoyo para la causa de liberar a México del Segundo Imperio y por cuenta propia Mazuera viajó a Nueva York y después a Washington llevando una carta firmada por Santa Anna para el presidente de los Estados Unidos.

ESTADOS UNIDOS. Desde Washington, Mazuera le escribió asegurándole que se había citado con el ministro Seward y otros políticos del país, además de haberse entrevistado con liberales exiliados por imperio. De regreso en St. Thomas, Mazuera le entregó un memorándum fechado en 2 de abril de 1866 que aseguraba que la Congreso estadounidense había aprobado un préstamo de treinta millones destinados a la expedición dirigida por Santa Anna, el anciano general de 72 años no dudo de nada.

Darío Mazuera aprovechó el entusiasmo de Santa Anna y le hizo firmar varios pagares por el valor del vapor “Georgia” que le había traído de regresó a la isla. El 6 de mayo de 1866 partieron en comitiva hacia Nueva York y después de ocho días desembarcaron, el desencantó comenzó pues no hubo ningún recibimiento. Mazuera se dirigió a Washington para anunciar la llegada del militar mexicano mientras que este se alojó en la casa de uno de los miembros de la comitiva en Elizabethport, Nueva Jersey.

Antonio López de Santa Anna fotografiado en 1870.

Acudieron a visitarle algunos curiosos, entre ellos un amigo personal del ministro Seward que ofreció viajar a Washington para enviarle informes sobre la situación política. Poco tiempo pasó para que su informante le comunicará que el ministro Seward no había tenido ningún encuentro ni comunicación con Darío Mazuera aunque si había llegado al país presentándose como su emisario y realizando negocios a su nombre. Desengañado se alejó de la comitiva con la que llegó, y se trasladó a Nueva York en espera de la contestación de Juárez a su ofrecimiento a sumarse a la causa liberal en contra del imperio, la respuesta fue una ruda y contundentemente negativa. En sus memorias, Santa Anna acusa a Mazuera de haber envenenado a su secretario Miguel Lozano y de haber intentado otros fraudes a su nombre.

Juárez supo de la presencia e intenciones de Santa Anna en los Estados Unidos en 1866. Sus informantes le comunicaron que nadie daba importancia “ni al hombre ni a sus planes” aunque hubiese quien decía que contaba con el apoyo del ministro Seward. Calificaron que “estaba rodeado de gente extraña: recogió en Saint Thomas a cuantos aventureros hambrientos pudo encontrar y con esa legión” se presentó a reclutar adeptos.[10]

Después de atravesar otras penurias en los Estados Unidos salió de Nueva York el 6 de mayo de 1867, en las postrimerías del Segundo Imperio Mexicano. Iba con destino a La Habana y St. Thomas en el vapor estadounidense “Virginia”, que seis días después arribo a Veracruz. En su estado natal recibió la visita del Comisario Imperial Domingo Bureau a quien aconsejó capitular ante la república. Estuvo a punto se ser partícipe de la proclamación de la república en Veracruz, pero esto fue impedido al ser detenido por el comandante del vapor estadounidense “Taconi” quien lo retuvo por orden de su gobierno para evitar su rehabilitación política en la república de Juárez.

SANTA ANNA Y YUCATÁN. Embarcado de nuevo en el vapor “Virginia” llegó al puerto yucateco de Sisal.  En la península se encontraba dirigiendo las operaciones contra el Imperio el coronel Manuel Cepeda Peraza, sobrino de Martín Francisco Peraza  este último compañero de Santa Anna en la sublevación de 1828 y en el movimiento en contra de Anastasio Bustamante. Defendió la dictadura en Yucatán entre 1853 y 1855, razón por la cual le tendría confianza suficiente como para pensar que podría conseguir apoyo en su deseo de conseguir alzarse con la bandera republicana, ofreciéndose como intermediador en el conflicto bélico entre republicanos e imperialistas. Entregó un manifiesto para que circulará en Yucatán:

¡Yucatecos!  Encontrándome tan cerca de vosotros en viaje para el suelo patrio, me apresuro a saludaros profundamente conmovido, al contemplar el contraste inmenso entre lo que fuimos y lo (que) hoy somos.

Recordaréis que en los años de 1824 y 1825, tuve el honor de ejercer en esa península la primera autoridad militar y política, y que recibí de vosotros demostraciones amistosas que nunca he podido olvidar.

Una mira patriótica me condujo, un año hace, a los vecinos Estados Unidos, buscando auxilio para favorecer a nuestros hermanos, que tan esforzadamente luchaban contra la fuerza invasora, que de una manera inexplicable procuraba la dominación de nuestro hermoso territorio. No es de este momento explicaros los inconvenientes y las dificultades inesperadas que a mis nobles miras se ofrecieron. Pero habiendo desaparecido los franceses de aquella escena, otra muy diversa es la perspectiva y otros son los sinsabores y el conflicto de los mexicanos.

Desde Veracruz volveréis a recibir mis recuerdos; de allí dirigiré la palabra a nuestra nación; mientras tanto acoged con la benevolencia de otras veces mis indicaciones amistosas.

Deponed vuestra actitud hostil de hermanos contra hermanos. Todos somos mexicanos, y es más razonable que nos entendamos pacíficamente; no os dejéis dominar de las malas pasiones. Mi misión entre nuestros hermanos es puramente de paz y concordia. En momentos supremos vengo a ofrecer una saludable mediación entre los miembros desacordes de la familia.

¡Yucatecos! Contribuid con vuestros patrióticos esfuerzos al buen éxito de mis inspiraciones, esencialmente mexicanas, seguros de que, poniendo cada uno de su parte un corto sacrificio, conseguiremos hacer que nuestra patria idolatrada disfrute nuevos días de honor, de prosperidad y de gloria.  A bordo del vapor Virginia, en las aguas de Sisal, a 30 de junio de 1867.[11]

La relación entre Santa Anna y Yucatán fue, quizá solo un poco, más conflictiva que con otros estados a partir de la revuelta federalista de 1839 – 1842 que exigió el restablecimiento de la federación y el reconocimiento de las soberanías estatales.  Esto conllevó a un conflicto armado entre México y Yucatán, mientras que al interior del poder legislativo yucateco se discutía como integrarse a México a fin de satisfacer los intereses que el centralismo afectaba, esto es recuperar los privilegios y excepcionalidades de los que había gozado desde el dominio español, principalmente los bajos aranceles.[12]

En 1824 Santa Anna fue enviado por el gobierno nacional como comandante general a Yucatán en medio del conflicto que se suscitaba entre Mérida y Campeche por la declaración de guerra contra España retrasada por el Congreso Yucateco para evitar afectaciones a su comercio. Santa Anna se sumó a la idea, a pesar del deseo de las autoridades nacionales y del presidente Guadalupe Victoria. Infundadamente se le acusó por el gobierno nacional de apoyar a la camarilla yucateca en su supuesto anhelo de integrarse a la monarquía española y en abril de 1825 abandonó la península no sin antes promulgar la primera Constitución yucateca el 6 de abril de 1824 y también plantearle al gobierno nacional la oportunidad de invadir Cuba.[13] El ministro de Guerra Manuel Gómez Pedraza fue el único que apoyó aquella idea con este argumento: Es una calaverada el proyecto de los habaneros. Pero si Santa Anna lo hace por su cuenta, hagámonos disimulados. Cualquiera que sea el resultado, si triunfa o si lo matan los españoles, saldremos ganando…[14]

Interceptada la comunicación de Santa Anna a tierra yucateca, Cepeda Peraza ordenó fuera capturado del “Virginia”. Santiago Medina comandante de Sisal partió al vapor estadounidense con una pequeña comitiva integrada por tres canoas. En una se embarcó dicho comandante, D. Mariano Romero y D. Manuel Mendiolea en calidad de intérprete. En otra fue el Sr. Lic. Luis Gómez, y en la tercera solo un piquete de tropa. Tras entrevistarse con el capitán bajaron a la cámara para hallar al enemigo del federalismo yucateco haciéndole saber que Cepeda Peraza ordenaba llevarlo a tierra a lo que contestó complacido “que estaba aburrido de la embarcación, que la abandonaba con gusto, presentándosele la oportunidad de interponer su ayuda para reconciliar a los beligerantes de Yucatán, que se disputaban la victoria en el campo de guerra”.[15]

En dicha escena el vapor comenzó a moverse y Mendiolea alertó a Medina en lengua maya  a sus acompañantes que trataban de llevárselos tras lo cual amenazaron con revolver a quienes estaban subiendo las anclas y alertaron a las canoas ordenando que subieran al «Virginia» con el piquete de tropa. Santa Anna subió a una de las canoas. Apenas se supo que estaba en tierra, Cepeda envío al coronel Matías Cámara y a una sección de infantería a Sisal para que cumplieran con el fusilamiento. El coronel asombrado por la orden citó a los “Licenciados” que conformaban el bando liberal quienes recomendaron a Cepeda detener la orden pues el dictador había salido bajo la protección de Estados Unidos y que la ejecución podría traer complicaciones al gobierno nacional. Lo envío hacia Campeche, para que Juárez lo juzgara.

Cepeda Peraza ordeno el fusilamiento de Santa Anna pero fue detenido.

En diciembre de 1867 a meses de la capitulación Imperial, Manuel Cepeda Peraza comunicó al presidente Juárez que además de los conflictos políticos internos de la península que “la vecina isla de Cuba, centro y reunión de los traidores extranjeros echados de la república es una amenaza constante contra nuestra tranquilidad y reposo. Todo esto se viene justificando con los hechos; en menos de cinco meses hemos tenidos dos motines en Motul, promovidos por los desterrados de La Habana y otro en la villa de Peto, puramente local y que felizmente terminó pacíficamente. Por último, en estos momentos han desembarcado en el puerto de Sisal los jefes y oficiales que se hallaban en La Habana, los cuales ayudados de don Antonio López de Santa Anna vienen a levantar de nuevo la bandera de la discordia. De esto último doy parte a usted de oficio, por conducto de la secretaria de Guerra.”[16]Juárez le contestó preocupado ante una posible intervención de las autoridades españolas de Cuba en los motines.[17] Santa Anna había sido juzgado y enviado de nuevo al destierro en La Habana en noviembre de ese año.

Los temores de Cepeda se cumplieron el 11 de diciembre, ocurrió un levantamiento de ex imperialistas que según aseguró Cepeda Peraza, fue tramado en acuerdo con Santa Anna y que los pronunciados repetían gritos alarmantes y sediciosos de viva imperio, viva la emperatriz, viva Santa-Anna, viva Isabel II; muera Cepeda, muera el indio Juárez, muera la libertad y otros.”[18] Casi dos meses tomó la recuperación de la ciudad y para ello se necesitó del apoyo del Gobierno Nacional.

EL DESTERRADO. Después de haber engañado a Santa Anna y una breve estancia en prisión, Darío Mazuera huyo a París a finales de 1866 donde se dedicó a una vida libertina conociendo a Alejandro Dumás entre otros intelectuales a  quienes pidió firmaran el libro en el que coleccionaba autógrafos de los personajes relevantes de la época, el cual tuvo que vender para huir de Francia cuando se le agotó el dinero. Llegó a La Habana completamente pobre dónde se encontró a un viejo amigo de Cartago, el médico del Capitán General de la isla Fernando Escobar a quien amenazó con divulgar su bigamia pues tenía  un primer matrimonio en Cali. Escobar lo denunció como revolucionario y el Capitán de la isla ordenó se le desterrase en Yucatán.[19]

La información sobre su llegada a Yucatán es vaga, parece que llegó a mediados de 1868 y estableció relaciones con literatos de Mérida para fundar la revista “Biblioteca de Señoritas” de la que fue redactor y cuyo primer número publicado en septiembre de ese año estuvo dedicado Rita Cetina Gutiérrez y Gertrudis Tenorio Zavala. La publicación estaba dedicada a la educación de la mujer sin ningún tinte político decía. En la tercera entrega de la revista se dedicó a encomiar a la sociedad intelectual de la época esperando que aquellos escribieran algo para la publicación: Jorge García Montero, Ovidio Zorrilla, la Sra. Hubbe de Millet, Ramon Aldana, Antonio Cisneros, Joaquín Castillo Peraza, Olegario Molina, Eligio Ancona, José Peón Contreras y Francisco Sosa fueron algunos de los nombrados y que más tarde mencionó como sus amigos. Mazuera se dice “apenas el portero que se retira discretamente cuando ha encontrado el último convidado que se aguardaba” [20]

Rita Cetina precursora del feminismo fue una de las escritoras que participaron en la Biblioteca para Señoritas (1868).

Poemas, crónicas y costumbres fueron publicadas en la Biblioteca, el propio Mazuera escribió sobre escenas de la vida parisina o alguna anécdota meridana. Gertrudis Tenorio le dedicó el poema “Desterrado” y asistió a las piezas dramáticas ejecutadas en la casa de la familia Cámara Zavala[21].  Tal parece que Mazuera logró introducirse entre la élite de la pequeña y polvorienta Mérida de la república restaurada.

Pero aquello terminó abruptamente el 31 de enero de 1869 cuando ocurrió una sublevación iniciada por el Batallón de Línea No. 5, los amotinados se encontraban en el Convento de Monjas y se dirigieron a la Ciudadela de San Benito pronunciándose en contra del gobierno local encabezado por Manuel Cepeda Peraza, aunque este se encontraba ausente por enfermedad y dado el estado de sitio, asumió el gobierno y mando militar el coronel duranguense José Cevallos enviado por el gobierno nacional desde 1868.

Agustín Rojano, José María Espino, Gustavo Cantón, José Roca Cicero, Ignacio Zagaceta, Miguel Pablo Sastré, Joaquín P. Gutiérrez y Darío Mazuera fueron detenidos y fusilados el 6 de febrero en la Calle de Juárez , la actual calle 66 con 61 cuando Yucatán todavía se encontraba declarado en estado de sitio. Cevallos les acusó de haber sido los principales fautores del motín y de intentar sobornar a las fuerzas fieles al gobierno que cubrían la plaza de armas, esto a pesar de haber sido identificado como autor José A. Muñoz quien proclamó gobernador al liberal desdeñado por Juárez, Liborio Irigoyen derrocado años antes. [22]

La acción respondió al deseo de actuar contundentemente en contra de quienes intentasen sublevarse, aunque nunca se terminó de aclarar la participación de los fusilados en el motín, inclusive Eduardo G. Gutiérrez hermano de uno de los fusilados acusó al coronel Cevallos de actuar en exceso y fuera del marco legal cuando los sublevados apenas eran doscientos contra la fuerza de dos mil del gobierno.[23] La denuncia llegó a los medios nacionales y al Congreso de la unión pero Cevallos fue absuelto, esto no dejó tranquilo a Eduardo G. Gutiérrez y el 18 de mayo de 1880 le reto en la Ciudad de México a un duelo a espada del que resultó gravemente herido el para entonces General Cevallos.[24]

Darío Mazuera

Darío Mazuera posiblemente fue detenido y fusilado porque desde 1866[25] era publica su relación con Antonio López de Santa Anna[26] y los rumores que le señalaban a este como incitador de las sublevaciones se habían acrecentado por todo el país. Los investigadores Benjamín Flores y Mauricio González se han preguntado si acaso los últimos reductos del Segundo Imperio, Yucatán y Veracruz estaban sostenidos en la esperanza de un pronunciamiento armado de Santa Anna desde el golfo con el apoyo de alguna potencia extranjera les rescatase.

Dos desterrados cruzados en el Caribe, unidos por la ambición y cuyo periplo les cruzó por Yucatán. A Santa Anna casi le cuesta la vida, a Mazuera se la cobró. En sus memorias Don Antonio puso epilogó a Mazuera de forma burlona señalando que el “monstro de la maldad” pudo escapar de la justicia de los hombres pero no de la divina y sentenciando: “mezclado ó no en una conspiración armada, resultó fusilado entre los que sufrieron esa pena: Cual fue su vida, fue su muerte.”[27] Santa Anna regreso a su refugio el caribe, esta vez tuvo que radicar en las Bahamas. Regreso a México en 1874.

REFERENCIAS.

[1] Flores Hernández, B., & González Esparza, M. (2010). Vocación y andanzas caribeñas de Antonio López de Santa Anna. Anuario De Estudios Americanos, 67(2), 635–661. https://doi.org/10.3989/aeamer.2010.v67.i2.522

[2] Santa Anna envía una ampulosa carta de adhesión a Maximiliano. Saint Thomas, 22 de diciembre de 1863. En L. Tamayo, J. (2006). Benito Juárez, Documentos, discursos y correspondencia. Ciudad de México: Senado de la República. INEHRM. UAM Azcapotzalco. Tomo VIII

[3] Monitor Republicano. 12 de agosto de 1881.

[4] Fowler, W. (2009). Santa Anna ¿Héroe o villano?  341 – 342

[5] Quijano Wallis, J. (1983). Memorias autobiográficas, histórico-políticas y de carácter social. Editorial Incunables. 123 -130.

[6] Valencia Llano, A. (2001). Darío Mazuera: un criminal colombiano que murió como un héroe. Obtenido de Banrepcultural: Red Cultural del banco de la República: https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-140/dario-mazuera-un-criminal-colombiano-que-murio-como-un-heroe

[7] Monitor Republicano. 12 de agosto de 1881.

[8] López de Santa Anna, A. (1905). Mi historia militar y política 1810 -1874. México: Librería de la Vda. de Chebouret.

[9] Monitor Republicano. 12 de agosto de 1881.

[10] Alarma por una posible enfermedad de Juárez. New Yor, mayo 18 de 1866. En L. Tamayo, J. (2006). Benito Juárez, Documentos, discursos y correspondencia. Ciudad de México: Senado de la República. INEHRM. UAM Azcapotzalco. Tomo XI.

[11] Manifiesto a Yucatán. En L. Tamayo, J. (2006). Benito Juárez, Documentos, discursos y correspondencia. Ciudad de México: Senado de la República. INEHRM. UAM Azcapotzalco. Tomo XII.

[12] Flores Escalante, J. M. (2017). Soberanía y excepcionalidad. La integración de Yucatán al Estado mexicano, 1821 -1848. Ciudad de México: El Colegio de México. 143 – 150

[13] Escalante Flores, J. M. (2014). Procesos políticos y gobiernos en Yucatán, 1821 -1858. En S. Quezada, J. Castillo Canché, & I. Ortiz Yam, Historia general de Yucatán: Yucatán en la construcción de la nación 1812 – 1876 (págs. 25 – 86). Mérida, Yucatán, México: Universidad Autónoma de Yucatán.

[14] Muñoz, R. (1945). Santa Anna el dictador resplandeciente. México: Fondo de Cultura Económica. 54

[15] Manzanilla, Y. (1888). Recuerdos de la campaña de los republicanos contra el imperio. Mérida: Sin Editorial.

[16] Carta de Cepeda Peraza a Benito Juárez. Diciembre 9 de 1867. En L. Tamayo, J. (2006). Benito Juárez, Documentos, discursos y correspondencia. Ciudad de México: Senado de la República. INEHRM. UAM Azcapotzalco. Tomo XII.

[17]Benito Juárez a Cepeda. Diciembre 20 de 1867. En L. Tamayo, J. (2006). Benito Juárez, Documentos, discursos y correspondencia. Ciudad de México: Senado de la República. INEHRM. UAM Azcapotzalco. Tomo XII.

[18] La Razón del Pueblo. 21 de febrero de 1868.

[19] Quijano Wallis, J. (1983). Memorias autobiográficas, histórico-políticas y de carácter social. Editorial Incunables. 130

[20] Biblioteca para señoritas. Sábado 3 de octubre de 1868.

[21] Biblioteca para señoritas. 26 de diciembre de 1868.

[22] El Monitor Republicano. 3 de marzo de 1869.

[23] El siglo diez y nueve. Suplemento al Número 81. 21 de marzo de 1869.

[24] La Revista de Mérida. 10 de junio de 1880. “Algo de historia

[25] La Sociedad. 31 de mayo de 1866.

[26] El siglo diez y nueve. 18 de febrero de 1869.

[27] López de Santa Anna, A. (1905). Mi historia militar y política 1810 -1874. México: Librería de la Vda. de Chebouret.

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