Los Cenotes de Santa Ana

En el cruce de la calle 45 por 62, una placa recuerda al «Tivoli», un balneario cuyo principal atractivo era el cenote que hasta hoy existe, aunque el espacio es ocupado por una escuela.  Sin embargo, este no fue el único espacio de recreación en el barrio para los habitantes de la ciudad en el siglo XIX. No deja de ser interesante la descripción que se dio en la prensa sobre la inauguración del que da nombre a la esquina de la 47.

El Tivolí de Santa Ana. Nos vemos en el gusto de anunciar a nuestros benévolos lectores, que el domingo (domingo 7 de marzo de 1880) ultimo quedó abierto para el público con el nombre de “El Tivoli de Santa Ana” un cenote, que descubierto en un predio situado a una cuadra al poniente de aquel nombre, una sociedad compuesta de artesanos de esta capital adquirió la propiedad del solar y después de ocho meses de constante trabajo, echando con falta de operarios y dificultades, consiguieron su objeto de ponerlo en estado de servir para baños público, siendo de notar que dicho cenote tiene casi sobre el nivel del agua una bóveda natural de piedra calcárea, bajo la cual el agua es muy profunda y se extiende sin haberse conseguido descubrir el termino de dicha bóveda.

Terminaremos estas cortas líneas, dando a la citada sociedad de artesanos la más cumplida enhorabuena y deseándoles que en la actual temporada de baños, se reembolsen, aunque sea en parte, de sus crecidos gastos. Mérida, marzo 9 de 1880.  A continuación reproducimos la nota que da cuenta de otros establecimientos del mismo giro.

San Román. Con este nombre tenemos ya en la parte oriental del barrio de Santa Ana, otro cenote dispuesto por su propietario el C. Dionisio Basulto para baños públicos como el Uolpoch y el Tívoli de que dimos conocimiento oportunamente a nuestros lectores. El día 11 del presente hizo la bendición del nuevo cenote el Sr. Cura de la parroquia de Santa Ana: cuya ceremonia religiosa se verificó ante una concurrencia de más de quinientas personas que fueron ac conocer el cenote, el cual se diferencia de los dos primeros en que representa un aspecto más natural, porque la escalera para descender está formada en la roca y la bóveda o techumbre es de una apariencia rustica como la de muchos cenotes que se encuentran en los distintos lugares de la península.

Deseamos al propietario del cenote San Román que, en la actual estación tan rigorosa del verano, consiga tener muchos parroquianos para que pueda remunerarse de su trabajo persona y de los gastos que ha verificado para ponerlo al servicio del público. La Revista de Mérida. 13 de abril de 1881.

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