Tomasa Peraza, heroína olvidada

Las crónicas yucatecas del siglo XIX tendían a reservar el papel preponderante a los hombres, y en la narrativa de “héroes”, pocas veces se menciona a las mujeres. Un caso excepcional es la mención de Tomasa Jacoba Juana Peraza y Cárdenas, nacida el 21 de diciembre de 1808 en Mérida, Yucatán. Hija de Francisco Peraza y Manuela de Cárdenas. Tomasa fue hermana del General Martín Francisco Peraza, destacado militar de la época y de Narcisa Peraza, madre de Manuel Cepeda Peraza.

El escritor Felipe Pérez Alcalá, animado biógrafo e impulsor de la fábrica de héroes yucatecos realizó la biografía de Francisco Martinez de Arredondo y Valleto en 1913, esposo de Tomasa Peraza. Del enlace matrimonial señala:

“Tuvo verificativo en Mérida, el 28 de noviembre de 1825, con la señorita Tomasa Peraza y Cárdenas, quien adunaba a sus virtudes y modestia, principios sociales tan avanzados, firmes y altruistas, como los de su esposo. Con este temple de alma y previo conocimiento del señor Martinez de Arredondo, asegurase que concertó y alentó con sus consejos, en su propio hogar, en julio de 1853, gobernando el Estado General don Rómulo Díaz de la Vega, el plan revolucionario contra el Centralismo de Santana (sic), de acuerdo con los coroneles don Manuel Cepeda Peraza, su sobrino carnal, don Sebastián Molas y don Cirilo Baqueiro. Con este fundamento, un escritor liberal guanajuatense la compara a la ilustre heroína doña Josefa Ortiz de Domínguez, pues ambas, sin preocuparse de su sexo y de las ideas de su época, procuraban amplios horizontes a la libertad y al progreso de su patria.”[1]

Aquella revolución iniciada en Valladolid el 17 de septiembre de 1853 exigía el restablecimiento de la constitución federal de 1824 y la local de 1850, reconocía a Santa Anna como presidente “a virtud de que todos los mexicanos confían en todas sus esperanzas para la salvación de la república» y de Díaz de la Vega como gobernador si este último no se oponía a las intenciones del plan cosa que no ocurrió, pues consideró que era contradictorio que reconocieran a Santa Anna cuando pedían el restablecimiento de la constitución que él abolió, por lo que inició la persecución en contra de los sublevados.

Unos meses antes, en febrero de 1853, la mayor parte de los mandos de Yucatán se adhirieron al Plan de Jalisco promoviendo a Santa Anna al gobierno nacional, destituyendo a Miguel Barbachano de la gubernatura y desconociendo a la legislatura, entre los firmantes de la adhesión se encuentran Sebastián Molas y Manuel Cepeda Peraza.[2] El descontento surgió de las levas organizadas por Díaz de la Vega, el interés de devolver a Barbachano la gubernatura[3] y la división introducida en la guardia nacional.[4] Pese al carácter local de la revolución, con los años se quiso interpretar como el antecedente de los grandes movimientos contra Santa Anna, aunque realmente no tenía como fin destituirlo.

Francisco Martinez de Arredondo y Valleto fue destacado colaborador de Barbachano por lo cual no es de extrañar el apoyo que quisiera brindar a la revolución que pretendía reponerlo en la gubernatura. El episodio de la planificación de la revolución también es retomado por Yanuario Manzanilla. Este menciona que, en julio del año en cuestión, Manuel Cepeda Peraza fue llamado para tomar parte en las reuniones conspiratorias de la casa del matrimonio Martinez de Arredondo-Peraza ubicada a una cuadra de la plaza de Santiago en Mérida. En aquellas juntas, Cepeda se comprometió a pronunciarse, pacto acordado durante la fiesta del barrio.[5]

Francisco Martinez de Arredondo y Valleto, secretario de gobierno de Miguel Barbachano.

Manzanilla no refiere a Tomasa Peraza. Lázaro Pavía la llama “espiritual” y “factora de la revolución de 1853 acaudillada por D. Manuel Zepeda Peraza y D. Sebastián Molas, que tuvo por objeto único y exclusivo derrocar la dictadura del General D. Antonio López de Santa-Anna.[6] Esta mención ocurre en la biografía de uno de los varios hijos de Tomasa, el destacado abogado Francisco Martinez de Arredondo y Peraza, único yucateco que ha ocupado la presidencia de la Suprema Corte de Justicia y defensor del clero ante el embate liberal de la década de 1890.  El escrito de Pavía, publicado en 1893, se une a la interpretación de otros autores que quisieron tildar a la revolución de 1853 como un movimiento extremadamente liberal contra “Su Alteza Serenísima”.

Aquella revolución fracasó y terminó en mayores desgracias. El 27 de septiembre de 1853 los sublevados llegaron a Mérida y durante ocho días se enfrentaron a las fuerzas leales al gobernador Díaz de la Vega. El gobierno pidió refuerzos de todo el estado para sofocar el pronunciamiento. Al arribó de estos, los sublevados tuvieron que huir y la revolución terminó con la ejecución de uno de sus cabecillas, el coronel Sebastián Molas y el escape de Cepeda.

Terminados los enfrentamientos, la capital yucateca tuvo que enfrentar otro mal resultado de la guerra; el cólera. El movimiento de militares en todas direcciones hacia la capital propagó la enfermedad dejando una estela de muerte por la ciudad. Una de las vidas que cobró la enfermedad fue la de Doña Tomasa Peraza, quien falleció a principios de noviembre de 1853.[7] Dos meses después falleció su marido.

Medio siglo después de la muerte de Tomasa, el periódico “La Crónica Yucateca” la destaca por su “belleza, su talento y patriotismo” que sin dejar las cualidades “y virtudes peculiares de su sexo” se distinguió como una de las “heroínas de alma elevada y hechos valerosos, sublimes y generosos”.  El editor la compara con Juana de Arco, Madame Roland, La Corregidora y Leona Vicario. Finalmente menciona que ella fue la que impulsó a sus a su sobrino Manuel Cepeda Peraza y a Sebastián Molas a pronunciarse. Veladamente siguiere que la participación de Tomasa en la conspiración atendía a “amistades y condiciones que podrían facilitar esos alientos para una causa que se juzgaba generosa”, es decir la estrecha relación entre su marido y Barbachano, antes mencionada.

Si se ensalzan los rasgos de las mujeres griegas y romanas en aras de la patria, no tenemos que ir a buscar muy lejos ejemplos y estímulos para esta generación las sucesivas, la tradición y aún los historiadores casi contemporáneos han roto el velo de episodios meritísimos que se deben recordar con gratitud y destacarse en los fastos de la historia para que se aprenda el patriotismo y la heroicidad en hazañas de nuestros antepasados”.[8]  Concluye el autor. El periódico publicó un retrato de doña Tomasa, notoriamente inspirado en Josefa Ortiz “La Corregidora”, a cuya semejanza quisieron moldear a esta heroína yucateca. La instauración de doña Tomasa como heroína, probablemente respondía al deseo de tener referentes femeninos de patriotismo para ser ejemplo a otras mujeres. Sin embargo, la narrativa de esta heroína no trascendió más allá de la década en la que se propuso, 1890 – 1915. Faltaba mucho para que fueran las mujeres las que pudieran fincar sus propios referentes.

REFERENCIAS

[1] Pérez Alcalá, F. (1914). El señor don Francisco Martinez de Arredondo y Valleto. Apuntes biográficos. Mérida, Yucatán, México: Imprenta de la Empresa Editorial Católica S.A.

[2] Acta en que se adopta el plan de Jalisco por los CC. Que la suscriben. 13 de febrero de 1853. CAIHLY

[3] Flores Escalante, J (2014). 83

[4] El Universal Periódico Independiente. 6 de octubre de 1853.

[5] Manzanilla, Y. (1888). Recuerdos de la campaña de los republicanos contra el imperio. Mérida: Sin Editorial. 172.

[6] Pavía, L. (1893). Apuntes biográficos de los miembros más distinguidos del Poder Judicial de la República Mexicana. Ciudad de México: Tip. y Lit. de F. Barroso, Hermano y Co.

[7] Periódico Oficial del Estado de Yucatán. 8 de Noviembre de 1853.

[8] La Crónica Yucateca. Periódico moderno de información, artes y letras. 30 de diciembre de 1904.

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