La Navidad en Yucatán, siglo XIX

El periódico Biblioteca de Señoritas publicó en diciembre de 1868 un breve recuento de las tradiciones navideñas alrededor del mundo, y el apartado es interesante para nuestros propósitos es el dedicado a describir las celebraciones yucatecas previas a aquel año:

En Yucatán se acostumbraban con frecuencia en esta época del año las danzas pastoriles, conocidas con el nombre de Pastores, ya en las casas particulares o dentro de las iglesias: los coloquios, piezas dramáticas cuyas escenas pasan en esa época, y más comúnmente los nacimientos que todos conocen y que ocupaban los salones con grandes mesas tan llenas de anacronismos y en cuya variedad de figuras, trajes y edificios en miniatura formaban un conjunto muy divertido.

Aun recordamos con placer las veces que nos llevaban nuestros padres a ver los más afamados, tales como el de la Sra. Josefa Chacón de Mediz, cuya apreciable familia siempre ha tenido especial devoción a esta fiesta religiosa; el de el Sr. Dr. D. José Antonio Zorrilla, quien sin embargo de estar muy ocupado en sus negocios como magistrado que fue muchos años de los tribunales, reservaba algún tiempo para adornar el, en persona, su gran aparato de cuadros bíblicos; el del maestro Sánchez y otros que no recordamos.

Ahora, poco a poco han ido desapareciendo estas diversiones de la fiesta de navidad y solo han permanecido las concurridas y amenas retretas de noche buena y uno que otro soiré que se improvisa en algunas casas particulares con el objeto de esperar la misa del gallo o de la aurora.

En el convento de las madres concepcionistas también se acostumbraba celebrar con mencionados coloquios, pastores, y la fiesta de la O era de gran recreo para las señoritas que viviana allí enclaustradas acompañando a las señoras religiosas. El día de la adoración de los magos, tres de estas reverendas madres vestidas de reyes entraban de rodillas hasta la reja del templo precedidas de niñas vestidas de ángeles, conduciendo bandejas con presentes adornados de cintas y flores.

El gran nacimiento del Asilo Celarain que hasta esta temporada esta en exhibición, evocación de aquellas representaciones del siglo XIX.

Sentimos en verdad que se vallan aboliendo todas estas inocentes costumbres de nuestros antepasados, dedicadas a recordar el nacimiento de Jesucristo y el homenaje rendido por los pastores de Betlehem, que fueron los primeros que adoraron en el mundo, y de los reyes magos que vinieron del oriente hasta aquel humilde lugar, según la historia.

Hace algunos que se va introduciendo en Paris la costumbre antigua de Alemania de exponer en los salones en vez de nacimiento que se ve en otras partes un arbolillo cargado de objetos que se regalan principalmente a los niños.

El árbol que se coloca en Alemania es de abeto y le llenan de bugías de colores, frutas, dulces con citas, juguetes. Etc. A los niños se les encierra en una habitación y cuando llega la hora, se le suelta para que se precipiten hacia el árbol.

En Alemania es la mayor fiesta que se conoce y desde los más grandes palacios donde reside la opulencia, hasta en las más pequeñas cabañas donde existe la pobreza, se celebra con el mencionado árbol de navidad. Las familias regalan a otras más pobres, ropas de abrigo y otras cosas útiles para ejercer la caridad cristiana.

Respecto a esto último relacionado con el árbol de navidad, el cronista Juan Francisco Ancona apunta que a Yucatán este elemento llegó procedente de Estados Unidos en las fiestas de 1906. El citado periódico, de corte conservador, dejo de publicarse tras la muerte de su editor Darío Mazuera que fue acusado de haber participado en el motín conservador del 31 de enero de 1869 y que le condujo a su ejecución. Vale la pena recordar que las tradiciones antes descritas corresponden a un sector minoritario de la población de la ciudad que podía ser participe de estos eventos.

Peón Ancona apunta que hacia finales del siglo XIX existió en Mérida un celebre nacimiento, muy visitado por niños y adultos. Su dueña y ejecutora, Da. María Jesús Castro Lara, lo ponía cada año en su casa de la calle 65 entre 58 y 60, que fue la de sus padres don Juan Miguel Castro y Josefa de Jesús Lara. Dicha casa, fue donde estuvo el café la Balsa y que fue demolida en los años setenta y de ella lo único que se conserva es el pórtico que se encuentra en Santa Lucía.

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