El barrio de Santa Lucía: historia, anécdotas y personajes

Según escribió el vecino de Mérida Martín de Palomar en su relación escrita en 1579, la ermita al norte de la Plaza principal de Mérida fue construida en 1575 por la devoción del vecino conquistador Pedro García en lo que entonces eran los límites de la ciudad. [1] El obispo Fray Gregorio de Montalvo escribió al rey que la capilla consistía en una bóveda de piedra con cuerpo de paja.[2]

La vida de la santa a quien se dedicó aquella capilla se ubica a principios del siglo IV. Nació en Siracusa, isla del mediterráneo que actualmente forma parte de Italia. La joven de ojos brillantes pidió a su madre que no la diera en matrimonio y que el dote se repartiese entre los menos favorecidos, con ello consiguió la ira de su prometido quien denunció la fe de Lucía ante el gobernador de Roma. Fue arrestada y torturada, sin embargo, no renunció a su fe. La etimología de su nombre viene de la palabra latina “lux” que significa “luz”, razón por la que es venerada como patrona de las personas ciegas.[3]

La devoción de los vecinos de la ciudad fundó otra ermita dedicada a la gloriosa Santa Lucía. No tiene dotación más que las limosnas que le hacen. Su festividad se celebra con gran concurso de gente, y la administración pertenece al cura de la catedral. Acabóse por la gran solicitud que en ello puso el capitán Alonso Magaña Padilla, que también dio algunas cosas para su adorno, y otros vecinos también han dado, con que está muy bien aderezada. Han fundado en ella los circunvecinos una hermandad, que ejercita mucho la caridad, asistiendo a servir en sus casas a los enfermos, especialmente pobres y necesitados, ayudándole con sustento y médico.[4]

Aunque durante décadas se ha hablado del barrio de Santa Lucía como asiento para la población afro durante el periodo colonial esta idea ha sido desdibujada por la investigación del Dr. Jorge Victoria Ojeda. El autor ubica a partir de 1577 el pueblo de indígenas de Santa Lucía sin que haya registro de clasificaciones de negro o alguna casta. La población afro en realidad vivía en el espacio central de la ciudad en la parte trasera de los solares de sus amos y patrones. En el año de 1686 se concluyó la construcción de la parroquia del Santo Nombre de Jesús dedicada para negros y mulatos.[5]

En 1804 durante el gobierno de Benito Pérez de Valdelomar la plaza fue transformada en una plaza vistosa y agradable lo que antes era un muladar fétido y asqueroso.[6] No hay una fecha clara para referenciar la construcción de los portales, aunque debió ser en las primeras décadas del siglo XIX. Un hecho relevante que ha sido consignado por cronistas

Antes de que existiera la conciencia de la importancia de la sanidad, las inhumaciones se hacían en los cementerios de cada parroquia en un pequeño espacio comprendido entre cuadro paredes con una capilla o al menos una cruz. El cementerio de la parroquia del Sagrario de Mérida era mucho más amplio y elegante. Atendiendo a las medidas de salubridad, el 1 de octubre de 1821 se inauguró el Cementerio General al sur de la ciudad en lo que fue la hacienda Antonio Xcolohté.[7] En los años veinte del siglo XIX Justo Sierra O’Reilly describió las ruinas del antiguo cementerio de Santa Lucía.

Durante la campaña final contra el Imperio en Yucatán la ciudad de Mérida estuvo sitiada por las fuerzas republicanas por 55 días entre abril y junio de 1867. Santa Lucia fue escenario de cruentos combates al estar a solamente una calle del Comisariato Imperial donde se encontraban atrincherados por partidarios de la monarquía. Dicho edificio es el actual Centro Cultural Universitario o Edificio Central.[8] En la plaza del barrio el frente republicano logró instalar su campamento en los primeros días de junio mientras que vecinos del barrio vieron como sitiadores y sitiados perforaban los muros de sus casas.

Restaurada la república, la administración de Manuel Cirerol y Canto (1870 – 1872) embelleció el parque adecuando el jardín colocando en el centro una fuente de vapor y bancas de fierro,[9] se colocaron las rejas que le rodearon y se colocaron veinte luces de alumbrado púbico para la plaza; las obras estuvieron concluidas a principios de 1872.[10][11] Ese mismo año fue ocupado brevemente como mercado para la venta de pescado, pues el mercado de maíz ocupaba los portales dedicados a esa actividad por encontrarse los portales de granos en reparación.[12]

En 1877 la nueva nomenclatura dispuso que la plaza del barrio abandonase su nombre religioso para adoptar el de “La Unión Federal”[13] en conmemoración del pacto que integra a la nación mexicana. Durante el gobierno de José María Iturralde se inició la construcción de un monumento en memoria del coronel Sebastián Molas, el cual fue pasado por las armas en 1853 tras sublevarse al gobierno santanista de Rómulo Díaz de la Vega. El coronel tizimileño también había combatido en la Guerra de Castas. El obelisco trunco fue inaugurado 1 de febrero de 1878 en el primer día del gobierno de Manuel Romero Ancona[14] y es obra del Ing. Olegario G. Cantón autor del plano del Palacio de Gobierno.[15]

Tres campanas traídas del Reino Unido de la casa fundidora Barwell Founder de Birmingham se bendijeron para la capilla del barrio en 1910, patrocinadas por Manuel y Ramón Casellas Rivas. Por aquella misma época el techo fue reforzado con vigas Decauville.[16]

En diciembre de 1915 la capilla, al igual que el resto de los templos de la ciudad, fue tomado por las fuerzas constitucionalistas de Salvador Alvarado. En verano de 1919 fue devuelto al culto católico al cuidado del Sr. Pbro. Don Enrique Pérez Capetillo.[17]

En 1916 la Plaza del barrio fue nombrada “Los Héroes”[18] sin que se halla especificado a cuáles héroes se refiere, aunque posiblemente sea a aquellos surgidos de la Guerra de Castas. Aquel año aún se realizó la conmemoración en memoria de los caídos del bando de los blancos, la fecha era 30 de julio el aniversario del asalto a Tepich por las fuerzas indígenas sublevadas al mando de Cecilio Chí; se empataba con el aniversario luctuoso de Miguel Hidalgo.[19]

En los portales mirando a la calle 60, se instaló en los años veinte un puesto de refrescos de un personaje cuyo nombre real no se sabía, pero los meridanos de la época le conocían como “El Chino Mateo”. Tenía más de treinta años por aquel tiempo y provenía del sur de China.  Se decía que era muy bondadoso y que cuando los niños empobrecidos se acercaban a su puesto no podía evitar decir “Poble muchacho, no tiene ninelo, y quiele comé”[20] y el Chino apuntaba en una cuenta nunca saldada la deuda del infante. Eventualmente quebró y don Antonio Campos Sauri lo invitó a trabajar aseando su finca de nombre “Timun”, un empleo casi simbólico que le garantizaba una vida decorosa. Apenas pudo estar en la finca veinte días y cuando el patrón le interrogó las razones que tenía para abandonar el empleo entre pucheros respondió: “¡Es que no puedo vivir sin Santa Lucía!”[21]

A mediados de los años cincuenta el canónigo Fernando Avila Álvarez, capellán de Santa Lucía hizo muchas mejoras en la capilla entre ellas encargó al pintor Emilio Torre Gamboa el mural que representa el suplicio de la mártir.[22]

Antes de 1965 el público solamente podía escuchar la canción tradicional cuando la Orquesta Típica Yukalpeten suplía a la Banda de Música del Estado en las retretas dominicales de la Plaza Grande o en algún evento en el Parque del Centenario o el de las Américas. Se dice que, en 1920, en este parque un joven trovador escribió sus primeras canciones: Guty Cárdenas. El 14 de enero de 1965 se realizó la primera serenata de la Típica Yukalpeten que fue atractivo del parque hasta 1991, a partir de ese año la orquesta ha actuado solo en ocasiones especiales.

Entre 1986 y 1987 se empezaron a colocar en el escenario los bustos de los principales compositores y poetas de la trova yucateca. Cirilo Baqueiro, Ricardo Palmerin, Guti Cárdenas y Pepe Domínguez fueron los primeros en llegar al parque, en total son nueve bustos.[23]

A principios de la década de 2010 el parque fue sometido a una remodelación que oculto sus portales con madera por un largo periodo. El rescate llegó de la mano de inversores particulares que, si bien le dieron un mejor aspecto a la plaza, también se hicieron con parte del espacio público además de alejar de aquellos antiguos portales meridanos a quien no pueda pagar el platillo de aquellos restaurantes gourmet.

Normalmente el parque se encuentra concurrido por turistas y locales, especialmente los jueves en los que el escenario es ocupado por músicos yucatecos.

[1] de la Garza, M., Izquierdo, A., León y Tolita Figueroa, M., & Figueroa, T. (1983). Relaciones Histórico-geográficas de la Gobernación de Yucatán. México: Universidad Nacional Autónoma de México. p. 83

[2] Scholes, F (1936) Documentos para la historia de Yucatán. V. III. Mérida: Compañía Tipográfica Yucateca, 1936. Página. 88

[3] https://www.savellireligious.com/es/blog/La-historia-de-Santa-Lucia-la-martir-de-Siracusa/

[4] López de Cogolludo, D. (1868). Historia de Yucatán, escrita en el siglo XVII (Vol. I). Mérida: Imprenta de Manuel Aldana. Págs. 353.

[5] Victoria Ojeda, J. (2014). Africanos y afrodescendientes en la Mérida de Yucatán, México. Dos apuntamientos (siglos XVI a XIX). Fronteras De La Historia, 19(2), 148 – 174. Recuperado a partir de https://revistas.icanh.gov.co/index.php/fh/article/view/196

[6] Ávila López T (1940), Reminiscencias Históricas, Mérida, 1940, Vol. III Pág. 16.

[7] Diccionario Histórico, biográfico y monumental de Yucatán, desde la conquista hasta el último año de la dominación española en el país / por D. Gerónimo Castillo.

[8] Manzanilla, Y (1888) Recuerdos de la Campaña de los Republicanos contra el Imperio.

[9] La Razón del Pueblo. 19 de junio de 1871.

[10] La Razón del Pueblo. 29 de enero de 1872.

[11] La Razón del Pueblo. 1 de enero de 1872

[12] La Razón del Pueblo. 1 de enero de 1872

[13] Tercer calendario de la Librería Meridana de Cantón para el año de 1878 / [Rodulfo G. Cantón].

[14] La Revista de Mérida. 10 de febrero de 1878.

[15] La Razón del Pueblo. 22 de marzo de 1878

[16] Rivero Canto R. (2014) Espacios sagrados, imágenes y devociones en la diócesis de Yucatán (1847 – 1910) CIESAS. Págs. 131 – 134

[17] Cantón Rosado F. (1943) Historia de la iglesia en Yucatán desde 1887 hasta nuestros días. Mérida, Yucatán. Compañía Tipográfica Yucateca S.A. 100 – 138

[18] Diario Oficial del Gobierno del Estado. 9 de septiembre de 1916.

[19] Diario Oficial del Gobierno del Estado. 29 de julio de 1916,

[20] Burgos Brito, S. (1946) Tipos pintorescos de Yucatecos. Ciudad de México. Editorial Cultura. Págs. 57

[21] Moreno Bolio, D. (1981) Santa Lucia y sus vecinos de hace medio siglo. Mérida Yucatán. Ediciones del Ayuntamiento de Mérida. Págs. 83 – 84

[22] Diario de Yucatán. 4 de febrero de 1996.

[23] Pérez Sabido, L. (2004) Serenatas de Santa Lucía, 40 años de trova yucateca. Anécdotas y canciones. Ayuntamiento de Mérida. Págs. 19 – 35

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