Los Yaquis en Yucatán

Los indios yaquis de la región que hoy compone el estado de Sonora se mantuvieron en rebeldía desde el siglo XVI y durante el periodo colonial se sublevaron en distintas ocasiones la más importante en 1740 motivada por la excesiva carga de trabajo y la intención de las autoridades de tomar cartas en asuntos indígenas.

El México independiente al declararlos ciudadanos, los obligó a pagar tributos y obvenciones inusuales para ellos. En 1828 el indio yaqui Juan Banderas se levantó en contra de los decretos que concedían a la ciudad de Buenavista la supervisión de los pueblos yaquis y promovía la inmigración blanca a sus fértiles territorios.

Eventualmente se aliaron a levantamientos militares y civiles que luchaban por el poder de la región, creando el caos e impidiendo a los débiles gobiernos estatales y federales actuar sobre ellos. Debilitamiento que terminó cuando ascendió Porfirio Díaz al poder, cuando los yaquis habían logrado organizarse política, militar y económicamente creando “un estado dentro de un estado” impidiendo con ello los planes del gobierno federal sobre el ancestral valle yaqui.

La colonización, militarización y la deportación eran las medidas alcance del gobierno porfirista. La última de ellas se presentó como la mejor alternativa. Yucatán, que entonces era la mina de oro verde de unos cuantos y requería de mano de obra para las plantaciones de henequén se convirtió en el destino.

Parece ser que en enero de 1900 y tras un combate entre el ejército mexicano y las fuerzas yaquis en Mazocoba, inició la deportación de indígenas capturados, principalmente mujeres y niños. Estos últimos ya eran repartidos entre las familias blancas de Sonora para ser criados y separados de su cultura. La mujer era quien daba educación al niño yaqui, principiando con el odio al yori (el blanco).

De acuerdo con la Dra. Raquel Padilla, el contrato de trabajo hecho a espaldas de los indígenas especificaba que los prisioneros capturados en la campaña de pacificación del norte serían enviados como mano de obra a las haciendas de la península. Según el contrato esto sería en beneficio de los rebeldes que recibirán trabajo y educación en respuesta a “la ignorancia crasa” en que se encontraban sumidos. Las deportaciones continuaron hasta 1908 llegando a ser casi ocho mil expatriados al amparo del Ministro de Fomento y gobernador de hecho de Yucatán; Olegario Molina Solis. Alrededor de 1,500 murieron en Yucatán.

Tras un largo trayecto pagado por sus «contratantes» por buque, caminata, tren y busque llegaron a Progreso para luego distribuirse en las haciendas de Xcumpich, Sodzil, Xcanantún, San Rafael, Noac, Yaxché de Peón. Ytzincab, San Bernardo, Santo Domingo, Chunchucmil, Tankcuché, Catmis, San Simón, San José, Tecoh, Dzoyaxché, Katoiná, San Francisco y Uaymitún.

A pesar de haber sido arrancados de su tierra y despojados de los vestigios de su cultura como la vestimenta remplazada por la habitual ropa de trabajo del maya, los yaquis desarrollaron estrategias para manifestar su identidad; rasgos fenotípicos, gustos culinarios, celebraciones y la lengua.

En julio de 1911 los yaquis consiguieron ser «liberados» al darse el movimiento revolucionario encabezado a nivel nacional por Francisco I. Madero y que a nivel estatal dirigió José María Pino Suárez. De acuerdo con la Dra. Raquel Padilla, esta “liberación” propiciada durante el gobierno interino de Pino Suárez, tenía como único fin servir de presión en las elecciones de septiembre de aquel año.

Tras esta «liberación», fueron desalojados de las haciendas y  llegaron a Mérida donde por cuatro meses deambularon por la ciudad y se convirtieron en fuerzas activas de la causa antirreeleccionista que de forma fraudulenta consiguió para Pino Suárez la gubernatura constitucional. Algunos yaquis se incorporaron al batallón Cepeda Peraza leal al pinismo; de los campos de henequén a los cuarteles de la Ciudadela de San Benito para ascender socialmente y soñar con el regreso a Sonora. Otros más cayeron víctimas de la fiebre amarilla.

En diciembre de 1911 un convoy formado por 500 yaquis marchó a Progreso, el puerto por el que llegaron para ser embarcado con destino a Veracruz, aunque el motivo era ser enrolados en la leva, solo unos pocos regresaron a Sonora. La historiadora Raquel Padilla encontró registro de cuarenta que al volver a su territorio fueron llamados por las autoridades “yaquis yucatecos” e instalados en las colonias de “Mérida” y “Yucatán” ubicadas en Potám y Guaymas respectivamente.

La Dra. Raquel Padilla Ramos devolvió a Yucatán y a Sonora la historia de estos prisioneros de guerra en sus investigaciones publicadas “Yucatán: fin de un sueño yaqui” (1993) “Progreso y libertad. Los yaquis en la víspera de la repatriación” (2002), “Los irredentos parias: los yaquis, Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán, 1911” (2011) entre otros trabajos. Víctima de feminicidio en noviembre 2019.

Fotografía tomada de https://mexiconewsdaily.com/mexicolife/silent-witness-to-enslavement-of-yaqui-indians/

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