La hacienda Walis, memoria urbana de la ciudad

Por Dr. Iván Franco 
Lic. Israel Cetina.
Introducción. La estancia y ex hacienda del Rosario conocida también como “Walis” o “Wallis” está ubicada al oriente de Mérida. Se localiza a 3.9 km del Centro Histórico, dentro del límite del fraccionamiento habitacional homónimo fundado a fines de la década de 1970 y principios de 1980 por el ayuntamiento local.[1] La casa principal fue construida en el siglo XVIII y en 1792 su propietario era el Teniente de milicias Toribio del Mazo, quien arribó desde España hacia 1780 y era sobrino del obispo Fray Luis Piña y Mazo. Según fuentes de archivo en los años finales del siglo XVIII “Walis” era estancia ganadera.[2] El nombre de la estancia está asociado con la denominación del río Balis o Walix en Belice, según crónica de 1677 del dominico Fray José Delgado.[3] La palabra “Walis” deriva de la voz maya belix que significa fangoso o regado.[4] En este trabajo nos referimos a la estancia y ex hacienda del oriente de Mérida como “Walis”, puesto que la denominación de “El Rosario” está prácticamente en el olvido. Hasta el momento ningún documento consultado narra la razón de por qué adoptó la estancia de “El Rosario” el nombre de Walis.

I) Breve historia
a) La hacienda Walis y su entorno.
La hacienda del Rosario o Walis se ubicó en la periferia oriental de la Mérida colonial, zona en donde existieron encomiendas de indios[5] y estancias ganaderas[6] tempranas; las primeras, a raíz de que el Adelantado Francisco de Montejo padre entregó encomiendas a sus soldados en tierras del kuchkabal de Chakán (Nolo, Chuburná, Conkal y en otras) a su hijo Francisco de Montejo “el Mozo” y a su sobrino Francisco de Montejo; al parecer en tierras de la comunidad de Nolo quedó comprendida la porción que ocupó la estancia y hacienda del Rosario.[7] El autor Orlando Vega sugiere que para principios del siglo XVII “la encomendera de la Hacienda era la Sra. Jimena de Aveña”, sugiriendo que ya existía una edificación en el sitio desde ese siglo. Pero agrega que se carece de registros de dueños posteriores hasta que en el siglo XIX “se la entregaron al cronista Justo Sierra O’Reilly”.[8]

Las encomiendas fueron concesiones de mano de obra indígena a españoles para la obtención de tributos y servicios personales a cambio de ofrecer evangelización y trabajo a los naturales;[9] la actividad laboral de los indígenas en encomienda no estuvo necesariamente ligada a la(s) edificación(es) de casas o fincas de estilo europeo como sí sucedió con estancias y haciendas.[10] Las estructuras visibles en la actualidad de la hacienda fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVIII.[11] Es probable que como unidad territorial cayera dentro de los límites orientales del “cacicazgo” o kuchkabal de Chakan, jurisdicción pre-hispánica en cuyo territorio dio inicio la colonización europea de la península.[12] Siguiendo a R. Roys, Chakán tenía “fronteras” con los cacicazgos de Ceh-Pech y Hocabá hacia el poniente.[13]

Las estancias de ganado implicaron, además de renta, apropiación y cercamiento de tierras realengas y comunales, la edificación de casas habitación rurales. Estas contaron con  espacios de una o en doble planta, destinados a vivienda y resguardo por tener corredores con arcos, respectivamente.[14] Es el patrón que tiene la casona de Walis en sus dos pisos. En no pocos casos las estancias y haciendas crecieron territorialmente mediante renta, invasión y despojos de tierras así como a través de la privatización posterior de los terrenos comunes de las comunidades indígenas.[15] Fue un proceso que la incipiente política liberal del régimen borbónico impulsó a fines del siglo XVIII, acentuándose con el régimen de intendencias a partir de 1786. Cubrió un ciclo privatizador hasta 1840 en gran parte del centro, sur-poniente y norte de Yucatán y fue frenado de manera parcial por la insurgencia maya de 1847 conocida como “guerra de Castas”.

El diseño arquitectónico de la primera y más antigua planta de la casa principal de Walis se compone de un corredor exterior de ocho arcos de medio punto con columnas de piedra de estilo dórico, indicadores relevantes de su origen colonial; otras fuentes lo juzgan de forma imprecisa como una casona de arquitectura “neo-colonial”, sugiriendo origen decimonónico pero quizá el término sea aplicable sólo a la segunda planta del edificio.[16] García Bernal sugiere que en el lugar de asiento específico no existieron encomiendas entre 1550 y 1750.[17] Es probable que fueran tierras realengas y comunes con fuentes de agua temporales, lodosas o fangosas, referente de la probable adopción del sobrenombre “Walis”.

b) Teniente Toribio del Mazo y el Intendente Lucas de Gálvez. Toribio del Mazo llegó a Yucatán en 1780 a la edad de 18 años como familiar del recién nombrado obispo Luis de Piña y Mazo, cuyo gobierno episcopal cubrió los años 1779 a 1795.[18] Desde su llegada se enroló en el Batallón de Voluntarios Blancos de Mérida, donde cumplió varias encargos. Vale mencionar el que ejecutó en 1787 cuando tuvo la misión de llevar un pliego al Coronel Enrique Grimarest, quien en ese momento se encontraba en Walis (Belice) comisionado por el gobernador Merino Ceballos. Grimarest debía atender lo referente a la ampliación de la delimitación territorial que le fue concedida a la nación británica en dicho territorio para explotación forestal.[19]

Toribio del Mazo era dueño de la hacienda Walis cuando fue involucrado en el asesinato del Intendente, gobernador y Capitán General de Yucatán Lucas de Gálvez acaecido el 22 de junio de 1792.[20] El gobierno borbónico incautó sus bienes como parte del juicio penal, de aquí que la propiedad quedara en manos de la Corona por cuatro años.[21] Preso, del Mazo salió de Yucatán rumbo a la prisión de San Juan de Ulúa pero logró su liberación en 1800, cinco años después de la muerte de su tío y protector el obispo Piña y Mazo; su excarcelación se dio poco después de que los autores intelectual y material del asesinato de Lucas de Gálvez confesaron su crimen: Esteban de Castro y Ramón López.[22]

Toribio del Mazo intentó, pero no recuperó la propiedad en 1802. Los recovecos de la justicia novohispana lo hicieron pagar ocho años por un crimen que no cometió, generándose en torno a su persona una leyenda negra que aún se reproduce en discursos periodísticos y en la memoria local. Dolido y sin recursos, un año después de su liberación del Mazo emigró a España, ya sin la protección del tío obispo pero emancipado de la culpa criminal. La propiedad fue adquirida en remate en 1796 por el hacendado Miguel Quijano en 856 pesos 7.5 reales.[23] Este era miembro de la familia Quijano, señalada por estudiosos contemporáneos como los autores intelectuales del crimen del intendente Lucas de Gálvez.

c) Walis en siglos XIX y XX. La hacienda Walis fue también sede de los primeros experimentos para construir máquinas desfibradoras de henequén ante la urgencia económica de la década de mediados del siglo XIX.[24] La finca jugó durante esa etapa otros roles, asociados con la filiación política liberal de sus dueños. En sus orígenes fue probablemente una propiedad vinculada al clero y al ejército dado el parentesco del teniente del Mazo con el obispo Piña y Mazo y quizá estuvo bajo cuidado del ejército decimonónico dada su cercanía con las tres Casamatas, depósitos de pólvora cercanos.[25] Al mediar el siglo XIX, los propietarios eran familiares del militar liberal Manuel Cepeda Peraza.[26]

Un estudio biográfico sobre el médico liberal anti-imperialista Agustín O’Horán Escudero reporta que la familia de Manuel Cepeda Peraza, quien esos años dirigía la lucha de resistencia contra el régimen de Maximiliano de Habsburgo, encontró resguardo en dicha hacienda en 1867.[27] Cabe mencionar que, en el plano topográfico levantado por el Ingeniero del Imperio José Salazar Ilarregui en 1865, se nota un rotulo que dice “Camino a Balice” en una de las vías que conducen al extremo oriente de la ciudad, extensión de la actual calle 61 nombrada entonces “Calle Central Oriente”. Queda la duda si se refiere a la mencionada finca o al camino que se tomaba para dicha región en el extremo sur oriental de la península. Empero, si fuera el caso del territorio ocupado por los ingleses, sería más probable que el camino dijera “a Bacalar”, sin embargo, no tenemos certeza para afirmar una u otra idea. El alcance del plano imperial abarca hasta la quinta Miraflores.

Detalle del mapa topográfico de 1865, que resguarda el Archivo Histórico Municipal del Mérida.

Hacia mediados del siglo XIX su propietaria fue al parecer Candelaria Cámara de Cantón[28] y se mantuvo en manos de dicha familia hasta 1881, cuando Delfín G. Cantón figuraba como propietario.[29] Para fines del mismo siglo XIX el General oriundo de Cansahcab Teodosio Canto (1825-1907) se registra como dueño; Canto fue gobernador interino de Yucatán en dos ocasiones (1880-1881 y 1885), y heredó la finca a sus descendientes.[30] Su nieta Esperanza Sobrino Canto la puso en venta a principios del siglo XX dando paso a la “desmembración de la propiedad”;[31] era hija del abogado Porfirio Sobrino Vivas y Esperanza Canto de Sobrino quienes, según el Censo de Población de mayo de 1930, aún eran propietarios. Otros dueños de la hacienda antes de que la propiedad estuviese en manos del General Canto fueron el español Eduardo Arana Mendiolea y su esposa Prudencia Casares de Arana.[32] Posteriormente fue también propietaria la señora Luciana Tep.[33] A partir de 1915 y hasta 1940 se vendieron terrenos para la creación de colonias populares de Mérida como Esperanza, Lázaro Cárdenas, etc.

II) Walis, zona de monumentos históricos. Como se refiere, los monumentos históricos en pie y perceptibles que conformaron parte esencial de la antigua estancia y hacienda del Rosario o Walis son en estricto tres. Destacan dos de ellos por su grado de solidez y conservación: la casa principal de dos plantas y la chimenea industrial de tres cuerpos, la primera de época colonial tardía y la segunda de origen decimonónico o de principios del siglo XX.[34] Se desconoce si en sus primeros años la finca del Rosario operó como encomienda aunque de forma más precisa se puede sugerir que fue estancia de ganado y luego hacienda mixta (caña, ganado y henequén).[35]

Planta baja de la hacienda Walis

La evidencia arquitectónica (pilares de la puerta o portón de entrada en parte posterior de la casa principal) sugiere que a fines del siglo XVIII funcionaba como hacienda mixta,[36] vocación que debió mantener el siguiente siglo hasta destinar superficie para planteles del “oro verde”. No son notorias a simple vista las delimitaciones de viviendas accesorias ni vestigios de corrales, bebederos y demás instalaciones para ganado menor y mayor. Prueba de su dedicación a la producción de piloncillo, melaza[37] y henequén es la chimenea tubular que representa la arquitectura rural asociada a la tecnología de carbón y vapor de la época. Se usaron chimeneas análogas entre 1870-1900 para el proceso de producción de henequén en la entidad. Muchas chimeneas sobreviven en el agónico paisaje urbano y rural decimonónico, cada vez más imperceptible en sus tramas social y arquitectónica, respectivamente.

Es probable, como se observa en construcciones de las ciudades fundadas por españoles y en otras edificaciones rurales de Yucatán, que el montaje de la hacienda no dependió de forma exclusiva de materiales pétreos procedentes de estructuras prehispánicas de las etapas anteriores al año 1240 a.C. (post-clásico). Su origen y levantamiento se debe de manera probable al uso de fuentes superficiales de piedra, expuestas de forma natural en las inmediaciones de los terrenos elegidos para establecer las estructuras. Esto se indica por diversos desniveles del terreno, visibles a menos de cien metros al norte de la zona monumental; existe presencia, según recorridos de inspección, de importantes núcleos de lozas kársticas superficiales con huellas de haber sido explotadas con fuerza de trabajo indígena.

La hacienda estuvo conformada por construcciones adicionales ya inexistentes, imperceptibles ante el crecimiento urbano del área. Las que permanecen y son manifiestas dentro de la actual zona habitacional son: a) la casa principal en dos plantas, con arcadas equilibradas pero disímbolas en época, número y estilo, b) la chimenea industrial, c) dos postes o pilares que al parecer correspondieron a un portón trasero o de ingreso secundario a la casa principal.[38] Las estructuras edificadas conforman una zona de monumentos históricos coloniales y decimonónicos, aunque parte del complejo original no existe más: muros, bardas, bebederos, viviendas menores, etc. Es difícil observar las zonas de servicios y resguardo de ganado mayor y menor con que debió contar la propiedad debido al crecimiento urbano. El análisis de Walis como patrimonio histórico y arquitectónico es el siguiente:

a) Casa Principal. Walis posee arquitectura rural de dimensiones medias. Formó parte del paisaje cultural de finales de la época colonial y gran parte del siglo XIX de la ciudad de Mérida.[39] La casa principal es una estructura de dos plantas y diseño en “taza y plato” (parte inferior de menor altura y soporte de parte superior de mayor desplante), que presentan a su vez notoria diferencia estilística debido a las diferentes épocas constructivas como al toque particular que el dueño y/o arquitecto quiso plasmar.[40] La primera planta o base es de estilo tardo-colonial con ocho arcos de medio punto, columnas dóricas y un corredor que antecede espacios separados para habitación, protección climática y almacenamiento tipo pósito (maíz, forraje, sillas de monta, aparejos agrícolas y demás).

La segunda planta también se divide en dos naves y arrastra conceptos constructivos coloniales desde las ópticas técnica y estilística pero su construcción parece ser de finales de la centuria decimonónica. A ella se accede con una escalera ubicada a la izquierda del vestíbulo de ingreso. Está compuesta por un corredor con techo en bóveda de cañón con salientes internas estabilizadoras y otra sección subdividida en tres partes destinadas a habitación y almacenamiento. El corredor presenta siete arcos de elegante estilo deprimido, que dan sobriedad y equilibrada estética al conjunto; se encuentra en simetría con la planta baja, pero es menos larga hacia el levante respecto a la base plantar. La parte posterior de la casa es simétrica y ostenta puertas y ventanales rematados con balcones en la segunda planta. Estos parecen haber cumplido el propósito de dominar las áreas productivas, vigilar el movimiento y resguardo de ganado a la vez que servir como lugar de descanso y solaz.

b) Chimenea. Sobrevive la chimenea industrial decimonónica. Fue parte esencial de su etapa de hacienda productora de piloncillo, melazas y luego fibra de henequén. La estructura presenta tres partes, una base cuadrada, fuste tubular en cono ascendente y remate coronal. Se ubica en la parte posterior y a la izquierda de la casa principal. Se observa en buen estado, pero quizá requiera de una intervención para asegurar su estado de conservación.

c) Postes. Entre la casa principal y la chimenea sobreviven dos pilares asociados al ingreso de servidumbre y trabajadores a la casa principal en su parte posterior, así como de acceso a zonas de corrales en un primer momento y a estructuras de etapa más contemporánea vinculadas al sistema productivo de henequén.

d) Oratorio. Documentos coloniales y decimonónicos revelan que fincas y propiedades con asiento de peones y trabajadores recibieron autorización religiosa para edificar “oratorios” que podían encontrarse integrados en alguna pieza de la casa principal, con acceso visible; también había en forma de pequeñas estructuras cóncavas de cal y canto con techos elaborados con bajareques y paja, que se integraron a los edificios principales cerca o dentro de las unidades productivas suburbanas. Algunos llegaron a ser tan exquisitos que se trasformaron en auténticas capillas. Esto siempre dependió del poder adquisitivo de los propietarios y desde luego de su celo religioso.

Los oratorios fueron parte de la política de evangelización que apuntaba a facilitar el pasto espiritual a los peones de haciendas, práctica generalizada a finales del siglo XVIII y acelerada durante la segunda mitad del XIX a la par del incremento de haciendas henequeneras. En el caso de Walis, la observación de que en la década de 1980 la actual parte elevada y curva del templo católico era una “derruida construcción rústica en piedra y antigua”[41] permite sugerir que era parte del oratorio aprobado para la finca en el año 1858 por la diócesis local a la propietaria Candelaria Cámara de Cantón. Se ubica al frente de la casa principal a unos sesenta metros de distancia, estructura a la que se sobrepuso con poco criterio de conservación el actual templo católico. Su diseño disminuido remite a las capillas de indios de la primera etapa de la conquista espiritual. Pocos han sobrevivido debido a la fragilidad de los materiales de construcción o al abandono.

Oratorio. Google Maps.

Conclusiones. Walis forma parte del legado colonial y decimonónico de Mérida. Ocupa un lugar importante en la historia social y política dada la relevancia de los personajes que la edificaron, la utilizaron, vivieron o se resguardaron entre sus paredes. El intendente Lucas de Gálvez entre ellos. Sobrevive rodeada de un entorno habitacional cuya sensibilización ayudará para su conservación y protección.  Perduran tres estructuras de la ex hacienda que permite definir a Walis como zona de monumentos históricos[42] dentro del fraccionamiento urbano del mismo nombre; otra estructura, quizá un pequeño oratorio, no fue recuperado según su concepto original decimonónico con la intervención municipal de 1980, por lo que quedó “integrada” al templo católico.

Subsisten estructuras cuya solidez y fortaleza permitió soportar el paso del tiempo, presión urbana, cambio de época como de valores arquitectónicos, mudanza del uso de propiedades rurales, abandono y deterioro por falta de mantenimiento, desidia institucional y, en general, el impacto del crecimiento de Mérida en dirección del oriente de la ciudad. Más a partir de que gran parte de sus terrenos se fraccionaron y vendieron en las primeras décadas del siglo XX. Esas estructuras de estirpe colonial incrementaron su volumen, niveles constructivos y áreas de uso durante el siglo XIX y principios del XX conforme la solvencia de sus dueños y las demandas de productos aumentaron con el auge mercantil e incremento demográfico citadino; y esto debido también a los cambios introducidos por la producción de henequén.

La liquidez económica y crediticia de la época del henequén influyó para la ampliación de haciendas como unidades productivas, de vivienda y para almacenamiento. Este parece ser el caso de Walis. Fincas como Walis requirieron presencia humana, mayor capacidad de acopio, vigilancia, mantenimiento, entre otras especificidades, en los años de auge de la producción de henequén (1880-1920). Como ocurrió con otras propiedades rurales de la zona, así fueran construidas en el siglo XVIII, la baja de la demanda de fibra al término de la primera guerra mundial y el crecimiento urbano de Mérida, impactaron de forma crítica la funcionalidad de haciendas como Walis, Miraflores, Azcorra, entre otras. Finalmente, con base a la Legislación Federal de 1972 la ex Hacienda del Rosario o Walis es una zona de monumentos históricos.[43]

SOBRE LOS AUTORES

Dr. Ivan Franco. Investigador del Centro INAH Yucatán. Licenciado en Antropología Social por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, maestro en Historia de México por El Colegio de Michoacán y doctor por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Lic. Israel Cetina. Lic. en Historia por la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, estudiante de la maestría en historia en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

REFERENCIAS

[1]Ayuntamiento de Mérida 1995-1998/Dirección de Desarrollo Urbano (AM-DDH), Programa de Sitios Patrimoniales, Hacienda Wallis, pp. 24-28.

[2] Archivo General de la Nación (AGN), Instituciones Coloniales (Criminal 037)), Exp. 2, Año 1802, foja 343; Eligio Ancona, Historia de Yucatán (Tomo II), Ed. UDY, Mérida, 1978, pp. 492 y 502, la define como “hacienda del Rosario” y conocida como “Walis”.

[3] Alan Twigg, Understanding Belize: A Historical Guide, Madeira Park, BC: Harbour Publishing, 2006, pp. 9-10 y 38-45.

[4] Ibid. En el pueblo de Hoctún también funcionó una hacienda con el mismo nombre y en la actualidad se  ubica al lugar de su establecimiento como una “colonia”. Las estructuras principales de esta antigua hacienda están muy deterioradas y, con excepción del templo católico que formó parte de la unidad productiva, los monumentos históricos(casa principal, cuarto de máquinas, chimenea, etc.) están en ruinas.

[5] Manuela Cristina García Bernal, Población y Encomienda en Yucatán bajo los Austrias, Ed. EEHA-Sevilla, Sevilla, 1978 (Mapa de Encomiendas).

[6] Robert Patch, La formación de Estancias y Haciendas en Yucatán durante la Colonia en Yucatán, Ed. UDY (Suelta), s/f, p. 25. En este estudio el autor ofrece mapas incipientes que sugieren que en la zona cercana del asiento de la hacienda del Rosario funcionaron estancias ganaderas.

[7] Orlando Vega Carrillo, “Breves comentarios históricos sobre la hacienda Wallis”, En: Novedades, Dan a conocer la historia de la Hacienda Wallis, (Copia), s/n/p, 11 de Enero de 1997. El autor no refiere las fuentes en las que sustenta sus observaciones.

[8] Ibid.

[9] Patch, op. cit.

[10] García Bernal, op. cit.

[11] Estas consideraciones cronológicas y de estilo fueron consultadas el 18 de Enero de 2018 con la Dra. Blanca Paredes Guerrero, especialista en arquitectura histórica de las estancias y haciendas maiceras, maicero-ganaderas y henequeneras de Yucatán quien a su vez es profesora investigadora de la Facultad de Arquitectura de la UADY. Expreso mi agradecimiento por sus observaciones y consideraciones.

[12] Ralph Roys, Political Geography of the Maya, Copia S/E, 1957; Robert S. Chamberlain, Conquista y Colonización de Yucatán (1517-1558), Ed. Porrúa, México, 1974.

[13] Ibíd.

[14] Blanca Paredes, “Estructura y tipo de la Hacienda Maicero-Ganadera”, En: Roberto Ancona R. (Coord.), Arquitectura de las Haciendas Henequeneras, Ed. UADY (Facultad de Arquitectura), Mérida, pp. 57-62.

[15] García Bernal, op. cit; Patch, op. cit.

[16] AM-DDU, op cit.

[17] Ibíd.

[18] Archivo General de Indias (Sevilla), “Nota de los familiares que para su servicio lleva el Yltmo. S.or Dn. Fr. Luis de Piña y Mazo, Obispo de Yucatán”, 4 de marzo de 1780, CONTRATACION, 5525, N.1, R.2.

[19] Archivo General de Simancas (Valladolid), “Toribio del Mazo. Grados”, 1789/1790, SGU, Leg. 7207, 18.

[20] Ancona, op. cit., p. 493.

[21] AGN, Restitución de bienes embargados. Afectado: D. Toribio del Mazo, Teniente de Milicias en el Batallón de Voluntarios Blancos de Mérida de Yucatán, Exp. 2, Año 1802, pp. 293-356.

[22] Andrés Cavo, Los tres siglos de México durante el gobierno español, hasta la entrada del ejército trigarante. Obra escrita en Roma por el padre Andrés Cavo, Ed. Imprenta de Luis Abadiano y Valdés, México, 1836, pp. 108-110; Jorge Castillo Canché, Pasión y muerte en Yucatán. El asesinato del Intendente Lucas de Gálvez, Mérida, 1999 (copia cedida por el autor), pp. 3 y 7.

[23] Ibid, f. 343.

[24] Vega Carrillo, op. cit.

[25] José García Preciat, “Historia de la Arquitectura”, En: Enciclopedia Yucatanense, Tomo IV, Ed. Gobierno de Yucatán (2ª Edición), México, 1977, pp. 549-550.

[26] Vega Carrillo, op. cit.

[27] Arturo Erosa Barbachano, Biografía del Dr. Agustín Jorge O’Horán Escudero, Ed. UADY, Mérida, 2005, p. 84.

[28] Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán, Mandatos, Caja 247, Licencias para oratorios Vol. 2, f.42.

[29] AGEY, Justicia, Juzgado de la Primera Instancia de lo Civil, Caja 0, Vol. 69, Exp. 30, 1881. “Interdicto de apeo y deslinde promovido por Delfín G. Cantón para el realizamiento de las mejoras de su hacienda Walis que se hayan destruidas.”

[30] Vega Carrillo, op. cit.

[31] Ibid.

[32] Ibid.

[33] AM-DDU, op. cit.

[34] Consideraciones Dra. Blanca Paredes.

[35] AGN, op. cit; Patch, op. cit.

[36] Pablo Chico Ponce de León, “Morfología del Conjunto Hacendario Ganadero”, En: Roberto Ancona, op. cit., pp. 107-116. El autor presenta la morfología de 19 haciendas ganaderas cercanas a Mérida, pero no de Walis.

[37] Vega Carrillo, op. cit.

[38] Visita de inspección a ex hacienda del Rosario o Walis de 14 de enero de 2018 en fraccionamiento homónimo. Agradezco al Lic. Carlos Simón Suárez Cáceres su participación y comentarios en el recorrido pues, como funcionario del Ayuntamiento de Mérida del período 1985-1988, fue encargado de conducir la recuperación administrativa de los deteriorados edificios de esta zona de monumentos históricos. Sus conocimientos y observaciones sobre las condiciones de la zona en esa década fueron importantes para establecer diversas precisiones en este trabajo. Un agradecimiento especial a los estudiantes de Historia de la UADY Alfredo Blanco y Guillermo Solís, respectivamente, quienes acompañaron y aportaron observaciones durante el recorrido de inspección.

[39] Ponce de León, op. cit. Sobre las dimensiones que tenían las haciendas de campo y ganaderas antes de las haciendas henequeneras Frederick Catherwood muestra que Xcanchakán contaba con tres niveles y arcos estilo conopial y Mukuiché con arcos de medio punto pero un solo nivel, respectivamente. Ver John Stephens, Viaje a Yucatán, 1841-1842, FCE, México, 2003, pp. 82 y 91.

[40] Consulta a la Dra. Blanca Paredes Guerrero.

[41] Observación del Lic. Carlos Simón Suárez Cáceres.

[42] Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos (LFMZAAH), Ed. INAH, México, 2014, Arts. 5º, 35º, 36º y 41º.

[43] LFMZAAH, Arts. 5º, 35º, 36º y 41º.

*Fotografías. Sergio Ceballos Castillo.

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2 Comments

  1. Hola, excelente reseña de la historia de nuestro Mérida y en especial de este hermoso lugar que me vio crecer y del cual aún estoy ligado y formó parte, mi reconocimiento y felicitaciones a todos los participantes en el bosquejo, nada más les faltó hablar de la noria que perteneció a la hacienda y que aún sobrevive, la misma se encuentra en la casa que está aún lado de la hacienda con la barda pintada del mismo color ahí asomándose tal vez la puedan observar, buenas tardes.

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