El Convento Grande de San Francisco; ubicación, descripción, principio y fin

Poco después de la fundación de Mérida llegaron a Yucatán dos grupos religiosos franciscanos para hacerse cargo de la evangelización de la provincia. Fundaron un convento en Campeche en 1546 y al año siguiente otro en Mérida en una de las colinas artificiales de lo que había sido la ciudad maya. El espacio que hoy ocupa el Mercado Lucas de Gálvez

Era ese cerro de grandiosa construcción, nos relata fray Diego de Landa, con terraplenes en graderías y cuatro magnificas estructuras mayas en forma de cuadro, con un patio en el centro y otro en el poniente. Fray Lorenzo de Bienvenida, al describir esos edificios, dice que “tenían celdas como de frailes de veinte pies de largo y de diez de ancho”.

En este lugar tomaron asiento los frailes para casa de San Francisco, y la primera iglesia de su improvisado claustro fue una de las galerías mayas de la parte sur de aquel conjunto, mientras hacían demoler algunas de las otras construcciones para con sus piedras levantar nuevos edificios para el Convento.

Aunque pobre y reducido en sus primero años, fue desde entonces llamado Convento de San Francisco el Grande o Convento Mayor por ser cabeza y centro de todos los de la región, y primero también en el tiempo, con excepción del de Campeche fundado como ya se ha dicho un año antes.[1]

Su construcción se hizo bajo el patrocinio de la Santísima Virgen en su advocación de la Asunción, no obstante, lo cual desde el principio se le conoció como El Convento de San Francisco. En 1549, con este Convento como cabeza y con los de Campeche, Maní, Conkal e Izamal, se constituyó la Custodia o misión semi autónoma de San José de Yucatán, dependiente de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio, de México. El primer capítulo custodial se celebró en el convento de Mérida el 29 de septiembre de 1549. Diez años después, el Capítulo General de la Orden Franciscana votó por la erección de las custodias de Yucatán y Guatemala como Provincia independiente de la De México y el Primer Capítulo Provincial tuvo lugar también en el Convento de la Asunción el 13 de septiembre de 1561. Finalmente, Guatemala fue separada de la nueva provincia y esta quedo confinada únicamente a Yucatán en 1565.

A mediados del siglo XVIII el Fraile Diego López de Cogolludo describió en su obra “Historia de Yucatán” el estado del Convento Grande:

“El convento principal, y como cabeza de esta provincia, es el que comúnmente se llama el de S. Francisco de Mérida, aunque su titular es la Asunción de nuestra Señora. Tiene el primer lugar entre los demás, si bien la fundación del de Campeche le precedió en tiempo, porque la de este fue el año de 1547, y así en antigüedad sigue a la santa catedral, y precede a las demás iglesias y conventos de la ciudad. Su iglesia es obra de mampostería, gruesas murallas y cubierta de bóveda. No tiene la capacidad en grandeza, que parece era necesaria para el concurso de los ciudadanos en las festividades, que ordinariamente es lo más de la ciudad, pero es la suficiente. Fundóse en la infancia de la población de esta tierra, y entonces debió de parecer bastante para cualquiera ocurrencia.”

Está situado en un cerro pequeño de los muchos que había hechos a mano en esta tierra, donde estaban unos edificios antiguos, cuyos vestigios hoy permanecen debajo del dormitorio principal. Aunque el Adelantado D. Francisco de Montejo tenía asignado aquel sitio para una de las dos fortalezas, que había de edificar en esta tierra, según lo capitulado; pidiéndosele el bendito padre Fr. Luis de Villalpando para edificar el convento, le concedió sin repugnancia alguna.

Plano de la Ciudadela de San Benito (1751) Archivo General de las Indias

El complejo estaba constituido por tres templos; la Asunción o San Francisco, de la Soledad y la parroquia de naturales de San Cristóbal, que hasta mediados del siglo XVIII se encontraba anexa al convento. El templo principal, de la Asunción o San Francisco, era una estructura de cruz latina en cuyo presbiterio se encontraban tres retablos. El principal era, citando a fraile, de “obra corintia, las columnas, basas, capitales y nichos con diversos cuerpos” “es obra muy primorosa y perfecta.”

Tenía un coro alto con dos órdenes de sillas coronadas de tallas doradas y policromadas, y cubría este coro una hermosa bóveda pintada al fresco y que representaba la Bienaventuranza, con todas las jerarquías de santos, pintura hecha a semejanza de la existencia en la iglesia de San Agustín, de Córdoba. En el resto del templo se admiraban otras muchas pinturas con las efigies de santos, varones insignes de la iglesia, pontífices, cardenales y mártires. Sus imágenes eran de talla entera y sus nichos labrados en bajo relieve. El templo era de una sola nave con techos abovedado de un solo cañón con un arco toral y sostienes lavados en lazos de cantería.

Este mismo templo tenía al interior seis capillas que sobresalían por afuera de las paredes, tres en el lado norte y tres en el lado sur.  A los dos lados colaterales al presbiterio se encontraban otras dos Capillas, la del norte hace antesacristía y la salida a la Capilla Mayor. La capilla del lado sur está dedicada a San Luis Rey de Francia, a quién tienen por Patrón los Hermanos de la Tercera Orden de penitencia, cuya es la Capilla, muy capaz, pues es suficiente para celebrar en ella la festividad.

La capilla de la Soledad tenía una “imagen muy devota y bien adornada”. En esta capilla se encontraba asentada la cofradía del mismo nombre de la que eran hermanos la nobleza de la ciudad de Mérida y que por patrón tenía al gobernador de la provincia.

Sobre la iglesia de San Cristóbal, que se encontraba al interior del conjunto escribió el fraile: “parroquial de los indios del pueblo llamado San Cristóbal y es barrio el mayor, que la ciudad tiene de estos naturales, cuya administración pertenece a los religiosos. Es iglesia de tres naves muy capaz, cubierta de bovedillas, y corre su longitud de Norte a Sur, donde cae la puerta principal, y otras dos a Oriente y Occidente, saliendo ésta al patio, que hace la iglesia de nuestro convento.”[2]

Espacio que ocupo el Convento y la Ciudadela de San Benito

En el año de 1869 en el que se reeditaba la obra de Cogolludo el editor Manuel Aldana Rivas apuntaba sobre el apartado dedicado al convento “Las ruinas del vasto convento e iglesias de San Francisco, están hoy dentro de la ciudadela.” A dicho estado había llegado tras la expulsión de los frailes franciscanos en febrero de 1821 en cumplimiento con las disposiciones de las cortes españolas. Antes de ello, en el año de 1667 el convento había sido amurallado para establecer la fortaleza de San Benito para defensa de la ciudad, proyectada desde los tiempos de Montejo. Esto condujo a fricciones entre frailes y el gobierno colonial el cual veía con recelo la influencia de la orden en la región.

La orden franciscana también se enemistó con el clero secular el cual comenzó a reclamar para si las parroquias que administraban los frailes, entre ellas la de San Cristóbal, ocurriendo en 1754 que el fraile que la administraba encerró por dos horas a los emisarios del obispo que pedían entregara la administración parroquial.[3]

En este contexto, el 15 febrero de 1821 ocurrió la expulsión de los frailes de su convento principal de manera violenta y tiránica, en aquella fecha se destruyeron imágenes y retablos que albergaba. Raúl Alcalá Erosa menciona en su investigación sobre la ciudadela la siguiente crónica:

“Habiendo de religiosos como doscientos cincuenta en la provincia, parecía regular se les dejase la casa grande para que todos cupiesen y se suprimiese la chica en la que sobre no caber todos , no tenían como tienen, enfermería (…) con cuyo motivo tuvieron que esparcirse por toda la ciudad  a pedir posada los que no cabían en el reducido convento que les dejaron”. [4]

Recluidos en el Convento de la Mejorada, la orden se extinguió a mediados del siglo XIX. Lo que ocurrió con la Ciudadela a partir de 1821 será tema de otra nota de este blog.

En el Convento se conservó hasta la extinción de esté, este óleo de gran tamaño de la inmaculada concepción ante el cual es una tradición que ardió una lámpara votiva, símbolo de la fe del pueblo yucateco, óleo que paso en 1821 al Convento de la Mejorada y que ahora, después de varias vicisitudes, se encuentra en el muro sur, de la Catedral de Mérida, frente al altar mayor. Otro notable cuadro que existió también en el Convento fue uno que representaba a San Francisco, atribuido a Murillo, cuadro que después, hasta 1915, estuvo en el Palacio Episcopal de Mérida y que desapareció al adaptarse ese edificio para convertirlo en el llamado Ateneo Peninsular.

Referencias.

[1] Suarez M. Víctor “La ciudadela de San Benito”, Diario de Yucatán (1979)

[2] López de Cogolludo, D. (1868). Historia de Yucatán, escrita en el siglo XVII (Vol. II). Mérida: Imprenta de Manuel Aldana. Págs. 338 – 343

[3] Bretos, M. A. (1984). San Cristóbal: arquitectura, estilo y mecenazgo en el Yucatán del setecientos. Anales Del Instituto De Investigaciones Estéticas, 14(54), pp. 97-112. https://doi.org/10.22201/iie.18703062e.1984.54.1246

[4] Erosa Alcala, R. (1998). Historia y vestigios de la ciudadela de San Benito. Mérida, Yucatán: Ayuntamiento de Mérida. Págs. 20 -23

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