Los recreos de Itzimná, «Parque de diversiones» en el siglo XIX

Al norte de la capital de Yucatán se encontraba un asentamiento indígena en el que se edificó una capilla en honor de San Miguel Arcángel hacia 1549. El templo actual de una sola nave fue construido entre 1710 y 1719 por disposición del vecino Andrés Chan en pago de una promesa. A mediados del siglo XIX fue restaurado y se instituyó la devoción por la de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. [1]

La fiesta del pueblo tenía lugar entre la mitad de mayo y los primeros días de junio[2], aunque estas fechas podían variar. Era muy popular entre los habitantes de Mérida dada la cercanía de apenas cuatro kilómetros con la ciudad. El “Álbum yucateco” escribía sobre el pueblo en 1871: “Ha ganado nombradía por su fiesta tan ruidosa y expansiva hace algunos años, merced al empeño que se ha puesto en ella y a estar este pueblecillo como recostado junto a Mérida.”[3]

Por aquellos años el pueblo se bautizó como Itzimná de Zaragoza[4]. Los medios de transporte eran escasos, sin embargo, en los días festivos “el camino que conduce a el (pueblo de Itzimná) está lleno siempre de gente. Este es el agosto de los dueños de cocheras. [5] Otras notas mencionan que se formaba un cordón de carrozas desde Santa Ana a Itzimná.

El empresario José Rendón Peniche inició la construcción del ferrocarril Mérida – Progreso en abril de 1875, para la fiesta de Itzimná de ese año las vías ya habían alcanzado al pueblecillo lo que aumento la afluencia de visitantes gracias a la facilidad del transporte:

Muy concurrida ha estado la fiesta de este pueblecito de las cercanías de Mérida. La cosecha de la empresa del Ferrocarril creemos que no ha sido mala, pues hemos visto atestados los wagones (sic), principalmente por las tardes. Probablemente la concurrencia será mayor en los últimos días como ha acontecido en otros años, y ya que se puede ir con tanta facilidad y economía, delito es no hacerlo. Allí no faltan ni los cestos de guallas, ni los bates de mangos y mameyes, las ollas de atole, y de todas aquellas particularidades que dan a nuestras fiestas aquel carácter sui generis que tanto amamos los yucatecos.[6]

La consolidación del medio de transporte en los siguientes años la popularidad de la celebración continúo incrementado “De suerte que el pito de los trenes del ferrocarril de esta capital a Progreso, en cuyo camino está el pueblecillo (de Itzimná), no cesa de día y de noche[7] para las conmemoraciones de 1880.

Itzimná (1904)

Ese año, en las fiestas patrias de septiembre se inauguró el primer ferrocarril urbano de la ciudad de Mérida «Los tranvías», propiedad de los Sres. Eusebio Escalante y Manuel Dondé. La primera línea salía de la calle 65 x 58 o las Dos Caras a la plaza de la Mejorada donde se encontraba la estación del Ferrocarril a Progreso.

En 1886 la línea de tranvía que llegaba a Santa Ana se extendió hasta llegar al pueblo de Itzimná[8]. La ruta salía del lado oriente de la plaza grande y recorría toda la calle de Progreso (hoy 60) hasta llegar a la quinta San Fernando (hoy 60 con Cupules), continuaba por la calle que hoy conduce hacia el Monumento a la Patria y seguía (por la hoy Avenida Rómulo Rozo) hasta la hoy calle 21 para luego doblar al sur en donde encontraba su destino. [9]

Decía un directorio de la época “Por la comodidad y continua comunicación que tiene este pueblo, es frecuentado por las familias de la ciudad, en donde van a hacer sus temporadas de verano”[10]. Las familias de élite de la época comenzaron a construir chalets alrededor de la plaza principal de Itzimná.

En tiempo de fiesta aumentaban el número de viajes en tranvía al pueblecillo sin embargo, “quince tranvías y después veinte y muchos coches no daban abasto, iba y venía gente a pie”.[11]

La compañía de Tranvías de Mérida, aprovechando la popularidad del pueblo como lugar de esparcimiento, decidió invertir en 1893 en consolidar un local para juegos y ejercicios en el solar al norte del templo de Itzimná, un año antes ya habían establecido diversiones para las festividades.[12] Para apoyar la iniciativa del nuevo local de esparcimiento el Gobierno del Estado exento a la empresa del pago de impuestos estatales y municipales.

El historiador Pedro Miranda considera que fue el primer centro recreativo del país y aunque tenía un carácter elitista este tendió a desaparecer gracias a la oferta de diversiones, la cual permitió al rico y al pobre convivir en el escenario de inmensas oportunidades lúdicas[13], cosa que por ejemplo el teatro no permitía y significativo en sociedad tan desigual. La tarifa de la mayoría de los juegos era de 5 centavos al igual que el precio del pasaje de Tranvía a Itzimná.

Entre los juegos que fueron parte de la inauguración estaba un carrusel de caballitos y animales de madera como los que acostumbraban a ir de pueblo en pueblo por todo el país. Un “razzle dazzle” que parecido al juego anterior hacía girar en bancas a dos metros del suelo a los asistentes, «La Veleta Moderna» se parecía pero con elevaciones entre las bancas donde giraban las personas. El tiro de bastones consistía en una mesa en la que había que ensartar una ruedecilla a bastones de diversos tamaños.

En una cortinilla con una abertura a la que hay que tirarle una bolita se veía “la cabeza de un negro, que parece estarse riendo de los concurrentes” era el “Tiro al Negro”, si le atinaban a la cabeza ganaban un premio, de lo contrario perdían sus centavos.

Para los niños chiquitos de cuatro o cinco años estaban los cochecitos tirados por chivos que según la empresa era una actividad realizada en el Parque Central de Nueva York. Para los mayores había cochecitos tirados por caballos. Aquellos que quisieran imitar las funciones del Circo Orrín podían probar en el trampolín.

En un kiosco se instaló un lente movible en el que el observador por medio de una palanca podía ponerlo enfrente de cualquier grupo que estuviera en el exterior, el lente recibía la imagen que se reflejaba en el interior sobre una mesa “los que están alrededor de ella se divierten viendo los movimientos y la reproducción exacta en miniatura, de los aparatos e individuos que están frente al crisol de arriba”. Aquella atracción se llamaba «La cámara oscura» . En «El medidor de fuerza» el usuario golpeaba con un mazo un botón y en una vara se señalaba la intensidad en libras del golpe intentando,  tener suficiente fuerza como para hacer sonar el timbre ubicado en lo más alto de la vara.[14]

Montaña Rusa inaugurada en 1899

Jugar a «Los Bolos», tratar de apuntarle a unos muñecos en «El tiro de fantoches» o con un plumero en «El Tiro Corta Plumas» eran otras de las actividades que se podían realizar en el local de 100,000 m2.

Un mirador, un laberinto y una pista para carreras de velocípedos, actividad que se recomendaba a la salud física, completaban la lista de juegos de los Recreos de Itzimná en su inauguración la cual contó con la presencia del gobernador Daniel Traconis cuya comitiva partió de la plaza de la independencia a las 5:30 pm de aquel 13 de mayo de 1893.[15]

La Revista de Mérida mencionó que el suelo del Laberinto levantaba mucho polvo y que los velocípedos ocasionaban rasgaduras a los trajes “varios muchachos han estado a punto de quedarse con el vestido de nuestro padre Adán.”[16] Una compañía de espectáculos de prestidigitación, sonambulismo, hipnotismo fantoches, pantomimas “y que se yo cuantas cosas más” se unió a los entretenimientos a partir de las 6 de la tarde.[17]

Una característica muy acentuada por la empresa era lo higiénico de los juegos y los beneficios del aire que se respiraba en Itzimná, en contraste con la ciudad de Mérida que se encontraba aquejada por el polvo, cañerías, suciedad y basura de sus calles algunas de las cuales quedaban inundadas tras las lluvias que no solo daban mal aspecto a la ciudad, sino que acarreaban enfermedades.

La popularidad de los recreos fue inmediata, haciendo casi imposible alcanzar un tranvía para regresar a Mérida a las nueve de la noche, hora en la que todos buscaban regresar de golpe[18]. En los últimos días de la fiesta el público estaba dispuesto a ir “hasta en los techos de los carros”. Terminada la festividad, los recreos continuaban abiertos al público.[19] La empresa introdujo un vagón motorizado que por su color verde comenzó a ser llamado “La Esmeralda”, a la que todos querían subir en domingo para llegar a los recreos. En 1894 la misma compañía de Tranvías inauguró  la planta electríca del pueblo.[20]

 

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El ambiente en el local era de bullicio, “por todas partes, damas elegantes y bellas correctos caballeros, chiquitos que se desgañitan de contentos en los caballitos y velocípedos, y hasta respetables matronas que pasean sorprendiendo con indiscretas miradas a las parejas amorosas.”[21]

Era frecuente que en las tardes de estos tocará ahí la Banda de Música del Estado. Una empresa norteamericana hizo el domingo 19 de abril de 1896 la primera exhibición y dio la primera audición pública en el Estado, de un gramófono.[23]

El domingo de pascua de 1899 la empresa inauguró “Las Montañas Rusas” las cuales fueron contratadas con una empresa americana que envío un ingeniero que dirigió a veinte carpinteros del país para la ejecución de la obra, realizada con las mismas medidas de seguridad que guardaban las instalaciones en Estados Unidos. Tuvo un costo de $ 12,000 pesos

La impresión que se siente en las Montañas es muy deliciosa y los pulmones se agitan cuando el viajero recorre el trayecto entre las estaciones de los extremos y le parece que va volando como los pájaros. (…) La perspectiva de las montañas es hermosísima y quien las ocupa una vez queda invitado a repetir el paseo”.[22]  Por entonces también existía un teatro de variedades en el local.

Entrado el siglo XX los recreos continuaron atrayendo visitantes y se convirtió en el sitio ideal para llevar a cabo eventos deportivos y escolares. En 1904 el pueblecillo se oficializó como parte de Mérida y la macha urbana absorbió las antiguas quintas. Parece ser que en los años veinte los juegos ya habían sido desmontados, el espacio se usaba para encuentros de fútbol. Generalmente se menciona al Parque Luna de la Ciudad de México como el primer centro de diversiones que hubo en el país, pero este se estableció en 1906. Aunque las proporciones eran más ambiciosas en comparación con los recreos de Itzimná, el más antiguo sería el yucateco.

REFERENCIAS.

[1] Barrera Osorio. A. Diario del sureste, abril de 1965

[2] Siglo diez y nueve. 7 de junio de 1882.

[3] El Álbum Yucateco. (1871)

[4] La Razón del Pueblo. 18 de enero de 1870.

[5] La Revista de Mérida. 24 de mayo de 1874.

[6] La Revista de Mérida. 8 de junio de 1876.

[7] La Revista de Mérida. 23 de mayo de 1880.

[8] La Patria. 21 de abril de 1886.

[9] Compañía de Tranvías de Mérida. Mérida, Yucatán. (1892)

[10] Compañía de Tranvías de Mérida. Mérida, Yucatán. (1892)

[11] El Telegrama. 20 de junio de 1889.

[12] La Revista de Mérida. 19 de junio de 1892.

[13] Miranda Ojeda, P. (2017). De la barbarie a la Civilización: Social de control, Sociabilidad y Diversiones En la Ciudad de Mérida, 1822 – 1917. Mérida: Editorial Académica Española. Págs. 430 – 431

[14] LI -1893 -07 (Folletería) Guía y explicación de los juegos que se han instalado en el local de los recreos de Itzimná [folletería] / Compañía de Tranvías de Mérida, Sociedad Anónima. Biblioteca Yucatanense.

[15] La Revista de Mérida. 11 de mayo de 1893.

[16] La Revista de Mérida. 18 de mayo de 1893.

[17] La Revista de Mérida. 21 de mayo de 1893.

[18] La Revista de Mérida. 28 de mayo de 1893.

[19] La Revista de Mérida. 30 de mayo de 1893.

[20] El Partido Liberal. 3 de mayo de 1894.

[21] La Revista de Mérida. Domingo 29 de mayo de 1898,

[22] La Revista de Mérida. 2 de mayo de 1899.

[23] El Diario de Yucatán. 30 de septiembre de 1973. Los tranvías de Mérida, por Víctor Suárez Molina.

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