El Portal de Granos, crónica e historia

La construcción del portal de granos ocurre alrededor del año de 1783. [1] Según los apuntes de Luis Millet, antes de la construcción de estos, la venta de productos como maíz, frijoles y otros granos procedentes del interior de la península se realizaba en los bajos del Ayuntamiento.[2] La construcción de portales es un reflejo en la urbanidad de las reformas borbónicas.[3] A continuación reproducimos una crónica publicada en la Revista de Mérida en 1874,  que da una idea de la cotidianidad en aquel lugar de la ciudad:

Se da este nombre en Mérida desde tiempos muy antiguos al hermoso edificio que este situado frente a la parte occidental de la antigua Ciudadela de San Benito y de la Alameda. Tiene 34 arcos corridos de Norte a Sur que forman el frente de 18 accesorias, de las que una parte sirve para depósitos de maíz a los que se ocupan exclusivamente de negociar en aquel ramo, por cuya circunstancia se le dio el nombre que lleva, no obstante que el mismo local venden otros artículos distintos como suela curtida, loza ordinaria del país, de la que sirve para envasar agua y para el servicio de cocinas.

Allí se vende también la sal en grano el frijol y otras semillas. Muchas personas de cortos recursos se ocupan de estos ramos de comercio muy secundario o mezquino, al parecer; pero del cual sacan los recursos para subvenir a sus necesidades.

El Portal de Granos en una fotografía de principios del siglo XX

Este edificio es uno de los lugares más concurridos de los habitantes de Mérida y de su comarca, que acuden allí a proveerse de algunos de los efectos de que tienen necesidad.

En las primeras horas de la mañana es cuando la gente afluye mucho a aquel local y se ven allí muchos arrieros y traficantes de los pueblos de interior que conducen los artículos de mas consumo en la ciudad como los granos de primera necesidad, el ganado vacuno y de cerdo, y todos los que solo vienen por algunas horas para despachar sus negocios tienen por punto de descanso y de parada aquel lugar, así por ser el más céntrico de la ciudad como porque se les facilita poner sus bestias y carros en el espacio de terreno que media del portal a las murallas de la ciudadela, y durante la tarde, emprenden su regreso a los pastos de su procedencia sin mayores perjuicios y gastos, que les ocasionaría su dilación en la ciudad por más tiempo.

Esto centro de comercio es de mucha utilidad así para el ´público en general, como para el H. Ayuntamiento que percibe una suma no pequeña, producido del ramo de arbitrios municipales que recaudan en aquel local, tanto los que permanentemente se ocupan de vender sus efectos, como los que llegan diariamente de los pueblos del interior trayendo esos mismos efectos en grandes cantidades.[4]

Esta zona no ha perdido nunca su vocación comercial, durante buena parte del siglo XX el espacio fue ocupado casi en su totalidad por los baratilleros que incluso taparon con madera varios de los portales. Hoy en día comerciantes siguen acaparando el espacio de estos centenarios portales.

[1] Mezeta Canul L. “El abastecimiento mercantil en la ciudad de Mérida, 1790 -1850. (2014) Tesis Ciesas Peninsular.

[2] Millet L. “Estampas de Mérida” (1989) Maldonado Editores.

[3] Medina Díaz, S “La reivindicación de la centralidad urbana en la ciudad de Mérida” en “Arquitectura y urbanismo Virreinal” Coordinador Marco Tulio Peraza Guzmán.

[4] La Revista de Mérida. 26 de abril de 1874.

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