El Palacio del Obispo y el Ateneo Peninsular

No es el antiguo Palacio Arzobispal restaurado, remozado y con fachadas decoradas, detrás de estas lo único que vibra es lo nuevo, el Ateneo mismo. Planeado y diseñado con la intención de exaltar los valores y la participación colectiva revolucionaria, rompiendo cánones y principios significados en el Arzobispado.

El Ateneo-Pasaje es un producto colectivo en el que se aglutinó la conciencia e ideología de varios grupos sociales de poder afines.

El Ateneo-Pasaje expresa la realidad del momento histórico preciso de destrucción del antiguo régimen y crea al mismo tiempo la nueva realidad arquitectónica-urbana; la instauración del nuevo régimen, el logro revolucionario de soberanía del poder gubernamental y popular y su independencia del poder clerical.

En una revolución la destrucción de los espacios del viejo poder establecido tiene por objeto la creación de espacios para el nuevo poder y el hacerlo sobre los viejos tiene por objeto someter el antiguo significado con el significado del nuevo espacio, consolidando la victoria del dominador sobre el dominado. Arq. Aercel Espadas. [1]

 

El Palacio del Obispo.

Antes de la existencia del Ateneo Peninsular, existió la residencia del Obispo de Yucatán cuya construcción inició  entre 1573 y 1579 cuando ocupaba la diócesis Fray Diego de Landa y su concluyó durante el obispado de Fray Gonzalo de Salazar entre 1608 y 1636.

“Acabo el Palacio edificando la capilla correspondiente con dos rejas que comunicaban por el interior de la Catedral por la nave sur y habiéndola embellecido con láminas romanas, buenas esculturas, excelentes cuadros de pince, ornamentos y alhajas preciosas, la donó a los señores curas de la misma Catedral para que sirviera de Sagrario Parroquial como de hecho sirvió muchos años y ahora es conocida con los títulos de Nuestra Señora del Rosario y Señor San José.” (Crescencio Carrillo y Ancona).

En 1751 el obispo Fray Francisco de Buenaventura Martínez de Tejada inicio la construcción del Seminario Conciliar el cual se concluiría en la administración de sucesor Fray Ignacio de Padilla y Estrada. El Seminario fue clausurado al terminó del segundo Imperio y ocupado como oficinas El gobierno Federal ocupó posteriormente una parte del edificio del ex seminario instalando en ella las oficinas de Correos, Telégrafos, Administración del Timbre, Jefatura de Hacienda, Ministerio Público y otras más. El gobierno del Estado ocupó la otra parte de la Contaduría Mayor de Hacienda. Tribunales y Juzgados. A pesar de estos usos, conservó la fachada que aún se observa en la calle 58.

El general Salvador Alvarado entró en la ciudad de Mérida el 19 de marzo de 1915 después de haber derrotado a los sublevados de Abel Ortiz Argumedo para hacerse cargo del Gobierno del Estado. El mismo día ocupó la Catedral y el Palacio Arzobispal, manteniéndose en el hasta el 24 del mismo mes. El 5 de junio de 1915 el edificio paso a poder del estado.

El 24 de septiembre de 1915 una manifestación formada por obreros de “La Plancha” y trabajadores del muelle de Progreso llegó por la calle 59 desde la Estación de Ferrocarriles. A las once de la noche llegaron frente a la catedral junto al Palacio de Gobierno y, según Francisco Cantón Rosado, dos oradores arengaron a los ahí reunidos:

“Si un Diego de Landa -dijo uno de los oradores- quemó a los ídolos de los indios de Maní, otro Diego quemará hoy los ídolos de los fanáticos católicos”.

Aquella sería la señal para que la turba se lanzará contra el templo rompiendo la puerta de Catedral que da la 61. Entró en seco en la iglesia y destruyó altares, vasos sagrados y otros objetos de culto que encontraron en su paso.

En junio de 1979 el Diario de Yucatán entrevistó al canónigo Macario Palma Coral, nacido en Dzidzantún en 1894, quien fue seminarista en la época en la que Alvarado ocupo el edificio y concedió algunos interesantes testimonios que a continuación reproducimos.

“En el interior, entre la sede episcopal y el templo, había un pasillo. Por el lado poniente estaba una capilla dedicada a San José, a la que no había acceso por la calle. En la parte opuesta estaba un monumento, que no recuerdo bien si era un mausoleo. Por la puerta del Palacio, que ahora es un estacionamiento, salía el Obispo para dirigirse a la Catedral por la puerta sur del templo”

“En los tiempos en que yo fui seminarista, gobernaba la iglesia de Yucatán su primer arzobispo, el Dr. Don Martín Tristschler y Cordova. Sus habitaciones estaban en la planta alta, por el lado de la 58, encima de donde hoy esta una ferretería”

“La mayor parte de las habitaciones del edificio estaban cerradas y los seminaristas nunca pudimos recorrer todo el conjunto. En algunas, sin embargo, vivían los canónigos y otros sacerdotes que auxiliaban al Obispo. Recuerdo que en alguna parte del Palacio, del lado de la calle 60, casi junto a la Catedral, había una cruz, que era muy concurrida por los fieles y siempre estaba lleva de velas encendidas. Nunca pude averiguar, por lo menos no recuerdo ahora nada, que había en muchas partes del edificio.”

“Cuando había misa pontifical, los seminaristas, que entonces vivíamos en la quinta San Pedro, ahora Casa de la Cristiandad, llegábamos por la puerta del seminario sobre la calle 58 y entrabamos a la antigua sacristía que, si mal no recuerdo, fue demolida por Alvarado. Allí nos revestíamos y por la puerta sur del templo salíamos al pasillo e íbamos en busca del Obispo hasta sus habitaciones. En la procesión también participaban los caballeros y hombres principales de entonces”

“Bajábamos junto con el Obispo por las escaleras que dan a lo que ahora es el estacionamiento por el costado norte del Ateneo, y atravesando el pasillo regresábamos a Catedral por la misma puerta sur de la iglesia. El Obispo Tritschler y Córdova acostumbraba ir al Sagrario, donde estaba el Cristo de las Ampollas, a orar para prepararse a la celebración de la misa y después, siempre en procesión se dirigía a su trono en el altar mayor, donde ayudábamos a los seminaristas a revestirse.”

 

Ateneo Peninsular en construcción (1917) Biblioteca Yucatanense

El mismo Palma Coral llegó a la Habana y más tarde a Castroville Texas donde estudió teología junto con otros presbíteros yucatecos. Se ordenó sacerdote en 1917, al momento del saqueo tenía 19 años. En sus últimos años fue encargado de la Capilla del Divino Maestro.

El 5 de octubre de 1915 se fundó la sociedad Ateneo Peninsular. El reglamento de esta mencionaba en su artículo primero “Bajo el nombre de “Ateneo Peninsular”, con asiento en la ciudad de Mérida de Yucatán, se constituye una asolación cultural, encaminada al mejoramiento intelectual y artístico de sus miembros, pro el intercambio de ideas en toda forma.”

Según el Arq. Aercel Espadas el planteamiento conceptual del Ateneo Peninsular y el Pasaje de la Revolución esta dado por los integrantes de la asociación, la cual: “Agrupó a la intelectualidad yucatenense liberal y revolucionaria, en oposición al oscurantismo y fanatismo clerical, con el objeto de crear, desarrollar y consolidar una cultura regional, nacional, libre de trabas clericales fundándose en la filosofía positivista de Augusto Comte introducida y difundida en México por el poblano Gabino Barreda. No fue para la contemplación de cultura producida, sino productora de cultura revolucionaria.”

La obra material del Ateneo Peninsular fue encargada al director de obras públicas Manuel Amabilis, quien se había recibido como arquitecto en París. Inició la construcción en septiembre de 1915 hasta que fue sustituido por Santiago Picconi en diciembre del mismo año. A este último de origen italiano se le atribuye haber concluido el Pasaje de la Revolución adaptando el estilo neoclásico que Amabilis había adoptado para el Ateneo. El Pasaje sería un moderno espacio comercial y de convivencia al estilo europeo pues albergaría locales y murales de los pasajes históricos de nuestro país, así como un conjunto escultórico en ambos arcos de acceso; sin embargo, esto último nunca se realizó.[2]

Las labores culturales del “Ateneo Peninsular” se inauguraron el 6 de enero de 1916 con una velada organizada en el Peón Contreras, la presentación corrió a cargo del Lic. Calixto Maldonado, presidente de la asociación. Aquella inauguración incluyó eventos deportivos.[3] El Ateneo Peninsular y el Pasaje de la Revolución fueron inaugurados el 5 de mayo de 1918.[4] Encabezó el evento el gobernador Carlos Castro Morales. Se estableció en el edificio la Dirección General de Bellas Artes. En junio de ese mismo año se llevó acabo una vaquería para celebrar el triunfo de la señorita Herminia Ponce Valdez en el concurso de belleza organizado por el diario “La Voz de la Revolución”.[5] Poco duro el edificio como espacio cultural.

Hacia 1943 el techo del Pasaje se encontraba deteriorado y los cristales amenazaban con caer “solo los que tienen necesidad de atravesar el tal pasaje se aventuran por allí”. La puerta de la Catedral que daba para el Palacio, la mandó a cerrar Alvarado, pero hoy (1943) se ha vuelto a abrir con el permiso del Gobierno Federal, para dar aire y luz al templo, que había quedado oscuro y caluroso por ese lado”.[6] El Pasaje fue desmontado a finales de la década de los cuarenta. Por la misma época el Ateneo era ocupado por oficinas del gobierno sin haber podido cumplir el cometido cultura para el cual fue construido.

La deconstrucción del Pasaje, considera Espadas Medina, fue una acción de “urbanismo contrarevolucionario”. La calle se utilizó como paradero de autobuses de transporte público y el Ateneo Peninsular albergó la 32° Zona Militar hasta principios de los años ochenta. Desde 1994 este edificio alberga el Museo de Arte Contemporáneo Fernando García Ponce. En 2001 se reconstruyeron los arcos del Pasaje de la Revolución y en 2011 se reconstruyó el techo, actualmente es utilizado como espacio para las exposiciones del Museo.

[1] Espadas Medina, A. (26 de agosto de 2015). El Ateneo Peninsular. La catedral yucatanense de la Revolución. 2015: Año del centenario del gobierno revolucionario del general Salvador Alvarado. SEDECULTA, Cineteca Nacional Manuel Barbachano Ponce del Teatro Armando Manzanero.

[2] Díaz Güemez, Marco Aurelio. “El Arte Monumental del Socialismo Yucateco” (1918 -1956) (2014) CIESAS Peninsular.  págs. 65 a 69.

[3] XCI -1916 -1/2 -16 (Folletería) Memoria de las fiestas inaugurales del Ateneo Peninsular: celebradas en esta ciudad de Mérida, de la República Mexicana, el dia primero, el dos y el seis de enero del año de mil novecientos diez y seis [folletería] Biblioteca Yucatenense.

[4] El Pueblo. Miércoles 15 de mayo de 1918.

[5] El Pueblo. Miércoles 5 de junio de 1918.

[6] Cantón Rosado “Historia de la Iglesia en Yucatán desde 1887 hasta nuestros días” (1943) págs. 110 – 120

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