Los carnavales de principios del siglo XX

Germán Almeida Sánchez (1987). Los carnavales de Mérida se hicieron famosos no solamente en nuestro Estado, sino hasta en el extranjero, viniendo numerosos visitantes exclusivamente a contemplarnos y disfrutarlos. (Enrique Rosas filmó en Mérida el Carnaval del año de 1906, desafortunadamente cinta pérdida, habría sido una de las primeras realizadas en México).

Todas nuestras clases sociales tomaban parte: unos organizándolo y otros participando. Como dice el Sr. Manuel M. Escoffié el «Liceo de Mérida» y «La Lonja Meridana», de nuestra acaudalada aristocracia principalmente, eran las sociedades que destinaban buenos cientos de miles de pesos para las fiestas del Carnaval. Contribuían también con dinero para la organización y lucimiento de las comparsas y estudiantinas, tomadas por amigos, para el mejor éxito de las fiestas de Momo.

La democrática sociedad «La Unión», integrada principalmente por la llamada clase media, pero en la que también figuraban un gran número  de distinguidos comerciantes, preparaban con anticipación su gran programa. (El historiador Pedro Miranda ha establecido tres etapas del Carnaval meridano; la barbarie (1822 – 1841) caracterizada por la desviación moral, la ridiculización, burla y excesos. El carnaval culto (1842 – 1861) consistente en la privatización de la fiesta desapareciendo el carácter callejero y popular. Se abandono la calle como espacio de descontrol y crítica para trasladarse a salones de sociedades recreativas y culturales. Finalmente distingue «El carnaval moderno» (1862 – 1902) con la irrupción de la publicidad y la comercialización; el carnaval regresó a las calles a través de los carros alegóricos de familias y sociedades recreativas.) Miranda, P. «De la barbarie a la civilización (2017)

Con varias semanas de antelación todas las sociedades coreográficas comenzaban los movimientos, preparativos para la designación de un Juan Carnaval, una reina y un rey, de cada sociedad. Así, de este modo, quedaban tomados los planes y programas para todos los días incluyendo como parte más atrayente los elegantes carros alegóricos de todas las sociedades para el mejor lucimiento y amistosa competencia. Las sociedades obreras «Paz y Unión» y «Recreativa Popular», no eran menos importantes incluyendo sus carros alegóricos comparsas y estudiantinas.

Recuerdo aquellas comparsas «Los Xtoles», «Los Palitos» y «Los Negritos», estos últimos usaban una indumentaria ridiculizando al Tío Sam (símbolo de Estados Unidos) con altos sombreros de copa y su levita de cola adornado con lentejuelas y cascabeles que al caminar sonaban y a la larga distancia se podía escuchar: también llevaban unos tambores y unas claves. Siempre visitaban estas comparsas las casas particulares de algunas personas conocidas, sobre todo en los Suburbios de San Sebastián, San Juan, Santiago y Mejorada. El carnaval comenzaba un viernes y terminaba un miércoles, el viernes se llamaba «de corso» y el miércoles «de ceniza».

El viernes de corso a las 8 de la noche salía de la plaza de San Juan el primer desfile carnavalesco formado solamente por representantes de las distintas sociedades coreográficas, conducidos por simples carruajes  llevando cartelones alusivos, en un carro especial viajaba «Juan Carnaval».

El siguiente, se llamaba «sábado de bando» porque tenían lugar los bandos solemnes de las sociedades, luciendo sus elegantes carros alegóricos.

La «Lonja meridana» «El Liceo de Mérida», «La Unión», «La recreativa popular» y «Paz y Unión» se ponían de acuerdo para fijar las horas de los desfiles, las calles se veían repletas de espectadores, que ayer como hoy buscan el escape de sus tribulaciones.

Entre la Lonja Meridana y el Liceo de Mérida, presentaban, cuando menos, seis elegantes carros y las otras sociedades, cuando menos a dos cada una. Ninguno de estos era de propaganda comercial, también habían carros de comerciantes, entre estos el de Don Emilio Seijo que era el más grande y tenía llantas de hule macizo y tracción de cadenas.

Casi todas las calles donde pasaban los desfiles eran entoldadas para proteger al público contra los rayos de nuestro sol tropical y en las aceras, en toda esa extensión, se construían templetes con sillas para los espectadores.

Desde el sábado en la tarde comenzaban los paseos de carnaval que se recorrían la calle 62 desde San Juan hasta la 63 tomando la 60 hasta la 59 llegado a la plaza de la Mejorada, rodeaban esta y regresaban por esta misma hasta la plaza de Santiago y algunas veces doblaban por la 62 hasta la esquina de la 55 (esquina llamada entonces «El Loro«).

El domingo había un paseo en la mañana, de las 9 hasta las 12 para reanudarse a las 4 de la tarde hasta las 7 de la noche, para prepararse y asistir a los bailes. El martes -último día- era el más celebrado en la mañana se gozaban de «la batalla de flores» que comenzaba a las 9 y terminaba a las 2:00 pm.

Había en todo esto un verdadero derroche de alegría lanzándose mutuamente los batalladores, serpentinas, confeti , abanicos de fantasía, juguetitos de tocador, flores naturales, cornetas de catrín, perfumes, así como dulces y chocolates para los niños.

También usaban para darle más ruido a dichos paseos, matracas y tambores. Tenía nuestra Mérida sus artistas populares mimados de la sociedad. Cirilo  Baqueiro (Chan Cil) y Fermin Patrana (Uay Cuc) célebres creadores en aquella época de la canción yucateca y Juan Tolvaños (Ciego) que lo mismo tocaba y cantaba acompañándose de  cualquier instrumento de cuerdas. Estos artistas yucatecos, difícilmente podían faltar en las fiestas del carnaval de Mérida, principalmente Cha Cil y Uay Cuc, siempre preparaban con anticipación sus humorísticas canciones.

El miércoles de ceniza la ciudad de Mérida, volvía, como de costumbre, a sus labores ordinarias, sólo en las iglesias se veían grandes colas para la toma de ceniza. Pero en la noche celebrándose el entierro de Juan Carnaval, conduciendo en un carro destartalado el cadáver de aquel, detrás del cual caminaba llorando, a gritos, la «viuda» recorriendo las céntricas calles de la ciudad.

Complementamos la crónica con el recorrido que realizaba el derrotero en el año de 1900, que como se aprecia era diferente al que describe Germán Almeida y al que conocimos en los últimos años: De la plaza de la “Libertad” (Mejorada) se dirigirán los carruajes y caballerías de Paseo hacia el Poniente, siguiendo el trayecto de la calle 59 gasta la Plaza “Degollado” (Santiago) en la cual darán vuelta para volver por la misma calle 59 hasta llegar en que se cruza con la 64 (Esquina del “Tigre”). De este punto doblarán al Sur, siguiendo en esta calle, hasta el lugar en que se cruza con la 65; (esquina de “Cruz Verde”) doblarán hacia el Oriente recorriendo la misma calle 65 hasta su cruzamiento con la 62 (“La Lonja”); doblarán después al Norte siguiendo en esta calle, hasta el ángulo N. Oeste de la plaza de la “Independencia” (61 x 62) desde donde se dirigirán al Oriente pasando por el costado Norte de la misma Plaza hasta su ángulo noreste (61 x 60). De aquí se dirigirán hacia el Norte, en la calle 60 para doblar a la derecha en el ángulo noreste del Parque “Hidalgo” tomando la calle 59 para volver al punto de partida. (La Revista de Mérida. 21 de febrero de 1900)

 

 

 

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