Esquinas de Mérida: «El Tívoli» (45 x 62)

 

Por Carlos Bójorquez Urzaiz. Recopilación: Ing. Luis Solís  La esquina de «El Tívoli» en el barrio de Santa Ana, ubicada en el cruzamiento de la calle 62 x 45, posee una historia de sucesos y leyendas entretejidas como fábula popular del suburbio.

Cuentan que en 1818, con motivo de que la «industria del tasajo»(venta de carne deshidratada) estaba en auge, por varios rumbos de la ciudad, existían corrales donde eran sacrificadas reses. El obligado acompañamiento de zopilotes, perros y pestífero ambiente que provocó innumerables quejas de los vecinos que agraviados en su salubridad se dirigían al capitán general don Miguel Castro y Araoz.

Se dice que una de las mayores tasajeras de Mérida se encontraba ubicada en la calle 60, entre Santa Ana, precisamente enfrente de un conjunto de casas propiedad de don Manuel José González, quienes las rentaba a lo que para entonces se considero un numeroso vecindario. Don Manuel José González hizo saber que, no obstante las quejas presentadas al Capitán General, por medio del regidor don Miguel de Bolio. Quejas que mencionaban «el mal olor que exhala, que puede ocasionar una peste con los muchos zopilotes que atrae, que ensucian el rumbo con sus plumas, vómitos y suciedades, especialmente los pozos», amén de las moscas que en vuelo certero corrían de la tasajera a las comidas, la mencionada industria permanecía en el mismo lugar.

Las quejas referentes a la pestilencia y otros males se fueron sucediendo hasta que se decretó en 1819, la suspensión de aquella tasajera. Tras consultar con el regidor en turno, el síndico procurador general y el médico de la ciudad acordaron que tal industria estuviera a «ocho cuadras de la plaza mayor y precisamente fuera de los arcos». Aquellos años fueron también los años de pleito entre el propietario de la tasajera y el Ayuntamiento.

El Ayuntamiento le sugirió entonces buscar un solar yermo, no lejano de Santa Ana,pero fuera del área en cuestión. Fue así como el tasajero compró un lote baldío, a una cuadra al poniente de la plaza de Santa Ana, para reinstalar su quebrantada industria.

Hay testimonios en los que se die que el desmonte y la limpieza del terreno lo efectuaron 30 indios de Santiago, quienes, al efectuar más adelante labores relacionadas con la excavación del pozo y construcción de los estanques necesarios para la factoría, descubrieron una enorme bóveda que era señal indudable de la existencia de un cenote.

Se cuenta que en estos días solamente se construyó un aljibe encima de la gruta, comunicado con ésta por 27 escalones.

Ignoramos el tiempo que permaneció la tasajera en ese lugar. Empero, en el año de 1878, una sociedad local de artesanos adquirió en propiedad el solar y descubrió lo que el tasajero y sus sucesivos propietarios había ocultado: el cenote. Así, se dice que entre 1878 y 1880 la mencionada sociedad de artesanos contrató un buen número de operarios para que el lugar sirviera como de hecho sirvió de balneario público.

En 1880 se dijo que el cenote de la 62 tenía sobre el nivel del agua una bóveda natural de piedra calcárea, bajo la cual el agua era «muy profunda», y no se logró descubrir el término de dicha bóveda, No sabemos si antes el mencionado lugar se denominó «El Tívoli» pero lo cierto fue que en Marzo de 1880 se inauguró el balneario «Tivoli» y desde entonces tal esquina santanera ha sido identificada con ese nombre, como incluso se llama hoy en día una tienda de abarrotes ubicada en la 62 x 45.

 311 total views

¡Comparte esta nota!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!